lunes, 7 de noviembre de 2016

Burbuja

Se me hacía raro volver a la rutina. Había sido un fin de semana de ensueño. En mi burbuja. Lejos de todo. ¿Dónde estaba Patri? ¿Dónde estaban los mimos? Los quería de vuelta. Y aquí estaba yo. Sentada en una silla dispuesta a interpretar. Distraída. Recordando cada caricia, cada beso, cada confesión compartida. Recordando las risas que resonaban en las paredes de su piso. Llenas de vida. Ilusión. Magia. Ahora solo quedaban los recuerdos y unas ganas que me invitaban a volver a ella. Algún día. En algún momento. Tarde o temprano.

Lejos del mundo. Cerca de ti.

Ella me hacía desconectar. Me sumergía en un mundo donde no existan las normas, las reglas. Tampoco había trabajo. Ni tan siquiera había rastro de aquello que llamamos estrés. No había nada. Bueno, quizás mienta. Sí que había algo. Había amor. Había felicidad. En cada rincón de la casa. En cada gesto. En cada detalle. El amor lo impregnaba todo. Me encontraba en una burbuja. En paz. Solo había un nosotras. El mundo había quedado lejos. Muy lejos. Como una mota de polvo en el universo. Insignificante. Absurda. Y ella tenía la culpa. Como siempre.

domingo, 6 de noviembre de 2016

Mil primeras veces

Mis ojos encontraron los suyos. Expresivos y misteriosos al mismo tiempo. ¿En que estaría pensando? Nunca tenía ni la más remota idea. Era toda una incógnita. Seguí mirándola. Repasando cada rasgo, cada detalle. Mis manos seguían recorriendo cada milímetro de su piel. La miraba, la tocaba, como si jamás lo hubiese hecho. Como si cada vez que lo hiciese fuese la primera vez. Y lo parecía. Cada vez que la miraba era como si jamás la hubiese visto. Cada vez que mis manos entraban en contacto con su piel, era como si jamás la hubiese tocado. Y al mismo tiempo… era como si lo hubiese ello un millón de veces. Dejándome una sensación familiar, acogedora. Una sensación que repetiría una y mil veces.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Desconectando juntas

Ya quedaba menos. Contaba las horas para que llegase el fin de semana. Se me estaba haciendo eterno. ¡Vamos! Pasa más deprisa. Más deprisa. Quiero verla. Quiero verla sin tener obligaciones. Sin tener que marcharme. Sin tener que decirle me tengo que ir. Y ver en sus ojos que eso es lo último que quiere que haga. Ya quedaba menos. Unas horas más y sería mía. Y yo sería suya. Un fin de semana para las dos. Nuestro. Solo nuestro y de nadie más.

jueves, 3 de noviembre de 2016

Rugido

Enredo su mano en mi pelo y me atrajo con fuerza. Las mariposas rugieron. Y el fuego se propagó como la pólvora. Me pegue más a ella y deseé que aquel beso no acabase nunca. Nunca.

viernes, 28 de octubre de 2016

Momentos cotidianos

La escuche trastear en la cocina. Me removí entre las sábanas. Semidesnuda. ¿Ya era hora de levantarse? La noche había pasado demasiado rápido. Como siempre. No dormía demasiado. Prefería estar despierta. El sonido de unas tazas me hizo despertarme. Lentamente. Me incorporé, frotándome los ojos. Intentando que se acostumbraran a la penumbra. Localice mis pantalones y me los puse haciendo malabarismos para no caerme. Bostece por enésima vez y me encaminé hacia la cocina. Y ahí estaba. Recién duchada y preciosa. Me acerqué a ella y la bese. Aquel gesto, aquel momento, me resultaba cotidiano. Como si lo llevase haciendo mucho, mucho más tiempo. ¿Que tenía aquella chica que hacía que todo me resultase tan natural? Magia. Supongo.

martes, 25 de octubre de 2016

Hasta que volvamos a vernos

¿Cuánto se puede echar de menos a una persona? Veamos. Voy a improvisar. No se la respuesta a esa pregunta. Solo escribo. Escribo porque quiero verte. Porque estoy deseando volver a rozar esos labios que tanto me gustan. Suaves. Dulces. Tiernos. Estoy deseando que nuestras miradas se crucen. Y que tu apartes la tuya. Nerviosa. Deseo volver a verte y sentir esa electricidad que me produces con cada caricia. Erizando cada milímetro de mi piel. Calentando cada parte de mí. Estoy deseando verte para escuchar un te quiero salido de lo más profundo de ti. Creando un ejército de mariposas en mi estómago. Mariposas que se han asentado ahí. No quieren irse. No quieren perderse ninguno de tus chistes, ninguno de tus bromas que a veces solo tú entiendes. No quieren perderse esa cara de niña pequeña cuando te frustras o te sientes confusa y no sabes qué hacer. No quieren perderse nada. Así que no se irán. Esperarán. Esperarán el momento de tu regreso. En el que nos volvamos a ver.

lunes, 24 de octubre de 2016

Después de la tormenta viene la calma

Me giré. Dándole la espalda. Cogí su brazo y tiré de ella hacia mí. Acomodando mi cuerpo al suyo. Podía sentir su respiración. El calor de su piel contra la mía. Inspiré hondo y me relajé. Deseé que aquel momento no acabase nunca. Sólo había tranquilidad. Sólo paz. Ella conseguía eso. La única. Quería seguir disfrutando del momento. No puede. Me sentía cansada. Muy cansada. Los ojos me pesaban. Mucho. Y me dejé llevar. Abrazadas. Sintiéndome feliz. Protegida. A salvo.

Deseo Concedido

Mis labios pronunciaron aquellas dos palabras y el sentimiento se hizo más intenso. Salieron como en un susurro. Haciéndome vulnerable. Dejándome desprotegida. Era una debilidad. Mi talón de Aquiles. Lo sabía. Pero también una fortaleza. Ella me hacía fuerte. Tanto que había conseguido que pronunciase dos palabras que me aterraban. Que habían sido siempre de una persona. Y que ahora eran suyas. Ella era magia. Todo lo que tocaba. Cada palabra. Cada gesto. Llenándolo todo de luz. Y como si de una estrella fugaz se tratase. Yo había pedido un deseo. Y... deseo concedido.

Oleadas de calor

No podía parar. Mi mente no dejaba de llevarme a aquel momento una y otra vez. Haciéndome recordar cada beso, cada caricia, cada respiración agitada. Incluso cada risa. Momentos únicos. Nuestros. Recordaba sus ojos. Oscuros. Intensos. Que me desnudaban sin tocarme. Recordaba sus manos. Inexpertas. Dejando oleadas de calor con cara caricia. También recordaba sus besos. Cada vez más exigentes. Dejando una cálida sensación. La de no querer estar en ninguna otra parte del mundo. Solo ahí. Solo con ella.

sábado, 22 de octubre de 2016

Pasito a pasito

Mis dedos se entrelazaron con los suyos. Y nuestras manos quedaron unidas. Sentí como una ola de calor recorría todo mi cuerpo. Aquel gesto era importante. Íntimo. Personal. Y me lo había estado guardando. Y salió. Natural. Sin pensarlo. Sonreí. Había sido un gran paso. Enorme quizás. Y lo había dado. Con ella.

miércoles, 19 de octubre de 2016

Infierno

Aquella sensación se abrió paso. Sin pedir permiso. Sin llamar. Arrasando todo. Era un calor abrasador. Insoportable. No podía controlarlo. Ella no me dejaba. Con cada caricia, cada beso. Quería más. Deseaba más.

martes, 18 de octubre de 2016

Arreglando un corazón

No sabía cómo recomponerme. Me había intentado arreglar. Lo había intentado. Era imposible. Había partes demasiado rotas. Demasiadas heridas. No tenían solución. Yo no la tenía. Me quedaría así. Rota. Herida. Y vacía. Nadie podía salvarme. Tampoco quería que lo hiciesen. Me lo merecía. Podía haber sido mejor. Podía. Pero ya no había solución. Soportaría la carga. Soportaría el dolor. Lo soportaría todo. Era mi destino. Y estaba equivocada. Muy equivocada. Empezó muy suave. Una luz. Casi imperceptible. Corrió veloz y se escondió en lo más profundo de mí ser. En mi corazón. Y se quedó ahí. Pequeña. Agazapada. No quería que me asustara. E hizo lo imposible. Disimuladamente recogió cada pedacito. Y los fue pegando. Uno por uno. Poco a poco. Sin hacerme daño. Sin que yo me diese cuenta. Haciéndose cada día más fuerte. Más intensa. Más brillante. Llenándolo todo. Cada rincón. Haciéndolo suyo. Corriendo el riesgo de salir herida. No le importo. No lo pensó. Simplemente se arriesgó. Por mí. Por un corazón roto. Haciendo lo que nadie había conseguido, salvarme.

Corazón Despierto

Su cara se iluminó. Abrazó a aquel pequeño dragón de peluche y dijo "Que lindo, lo amo." Y me derritió. Derritió por completo mi corazón. Si quedaba algún rastro de hielo, ya no quedaba nada. Solo un corazón latiendo. Despierto. Muy despierto.

lunes, 10 de octubre de 2016

Cantando para ti

Cada vez que escuchaba esa canción me devolvía a aquel momento. Mis manos en sus caderas. Las suyas sobre mis hombros. Mirándonos. No había nervios. Solo disfrutaba. Disfrutaba bailando. Cantando para ella. Como nunca lo había hecho. La primera vez. Para ella.

La magia de las palabras

Algo vibró a lo lejos. ¿Hora de levantarse? No. Todavía no. Me negaba a abrir los ojos. Era muy temprano. Seguro. No iba a moverme del sitio. Hasta que recordé donde estaba. Recordé aquella noche. Todos los besos. Todas las caricias. Todo. Escuche como ella apagaba la alarma. Y me giré. Veía algo borroso pero lo suficiente. Lo suficiente como para sonreír y disfrutar de la vista. Ahí estaba. Medio dormida y preciosa. "Buenos días" susurré. "Buenos días" contestó ella. ¿Como se podía estar tan guapa al despertar? Estaba preciosa. Adorable y dulce. E increíblemente sexy con solo una sabana por encima. Ella me sonrió. Volvía ha hacer su magia. Y no pude resistirme. Acerque mi cara a la suya y la besé. Era el secreto de los buenos días. Una mirada. Un par de palabras. Y un beso. No hacía falta más.

Naturalidad

Hoy hacia un mes. Un mes desde la primera vez que la vi. Un mes desde la primera vez que sus ojos encontraron los míos. Intensos. Curiosos. ¿Ya había pasado un mes? ¿Tan rápido? Demasiadas cosas en tan poco tiempo. Demasiados sentimientos. Me costaba creerlo. Pero aquí estábamos. En el sofá de su piso. Como si fuese lo más normal del mundo. Como si llevase meses haciéndolo. Como si no quisiese estar en ningún otro sitio que no fuese este. Y no quería.

domingo, 9 de octubre de 2016

El susurro de un Te Quiero

La baraja se movía entre mis manos. Carta a carta. Palabra a palabra. Disfrutaba de cada una. Despacio. Sin prisa. Sabía a dónde me llevarían. Aquel momento no se volvería a repetir. Sería único. Eterno. Se grabaría en mi interior para siempre. Y lo sabía. Cada vez quedaba menos. Hora de la verdad. Ahí estaban. Dos palabras. Sencillas. Sentía mi corazón. Latía cada vez más rápido. Me quedé sin respiración. Mi mirada se quedó fija en las últimas dos cartas. No sabía qué hacer. Que decir. Solo miraba las miraba. Entonces levanté la vista hacia ella. Su mirada estaba clavada en el suelo. ¿Era esto lo que realmente sentía? Tan rápido. ¿Era posible que alguien me quisiese? Quién iba a querer a alguien roto... No era posible. No podía serlo. Me levanté y fui hacia ella. Necesitaba oírlo. Lo necesitaba. Me acerqué hasta que nuestras caras quedaron a pocos centímetros. Sonreí y la besé. "Quiero oírlo" susurré. Estaba nerviosa. "Quiero oírlo" volví a repetir. Entonces las dijo. Casi en un susurro. Como si quisiese guardarlas para sí misma. Aquellas dos palabras flotaron en el aire. Una detrás de otra. Quería atraparlas. Guardarlas para siempre. Quería escucharlas una y vez. Solo eso. Solo el sonido de un... Te Quiero.

viernes, 7 de octubre de 2016

Demasiado rápido

No deseaba estar aquí. Solo quería esconderme. Escapar. ¿Qué me pasaba? ¿Estaba asustada? Sí. El sentimiento iba a más. Se hacía más grande. Con cada día que pasaba. No podía controlarlo. No sabía hasta donde podía llegar. Todo estaba yendo muy rápido. ¿Qué me estaba haciendo? No podía parar. A pesar del miedo. A pesar de mis inseguridades. A pesar de todo. Cogí aire y respire profundamente. Relájate. Todo iría bien. Momantai.

Princesa

Odiaba que me dijesen esa palabra. No soportaba la idea de otra persona diciéndola. Me hacía recordar. Demasiados momentos. Quizás fuese una tontería. Era sólo una palabra. ¿Qué daño podía hacer una palabra? Suspiré y volví a mirar la palabra que aparecía en la pantalla. No pude evitar sonreír. Cuanto más la releía más sonreía. ¿Tanto había cambiado? Solo habían pasado... ¿Cuánto? ¿4 meses? Era ella. La culpa de todo la tenía ella. Convertía lo complicado en algo sencillo. Fácil. Como por arte de magia. Me gustaba. Me gustaba la persona que era cuando estaba con ella. Me gustaba como me hacía sentir con una simple palabra. Solo una palabra. Princesa.

jueves, 6 de octubre de 2016

Explosión de recuerdos

En mi cabeza se acumulan recuerdos. Todos los proyectos. Todas las ilusiones. Todos mis sueños. Sueños que quería compartir. Contigo. Con el amor de mi vida. Ya no. Se han destruido. Como un espejo. Han estallado. Han ido cayendo un por uno. Abriendo una enorme brecha. ¿Puede cerrarse? ¿Llegará a curar algún día?

martes, 4 de octubre de 2016

Tranquilidad

​Me quede parada. Mirándola. Como si fuese la primera vez. Como si jamás la hubiese visto. Estudiando cada detalle. Cada gesto. Me habría quedado ahí. Eternamente. Parada. Sin mover ni un solo músculo. Mirándola. Como si el tiempo se hubiese detenido

sábado, 1 de octubre de 2016

Cambios

En aquel momento sólo la quería a ella. Se me hacía raro. No era lo habitual. Lágrimas. Estaban ahí. Listas para el ataque ¿Por qué? Era frustrante. Luchaban por salir. Respiré hondo. Solo quería correr. Correr hacia dónde estuviese y refugiarme. No sabía que me estaba pasando. Ni porque me sentía así. Solo quería sentirme a salvo. Y ella, por raro que fuese, parecía tener la solución.

viernes, 30 de septiembre de 2016

Stop The Clocks

Si la felicidad fuese eterna. Me quedaría con este momento. Con el sonido de nuestras risas inundando la habitación. Pararía el tiempo. Durante un segundo. Solo un segundo. Para seguir sintiendo esa sensación. Un poco más. Esa felicidad desbordante. Descontrolada. Que hacía tiempo que no sentía. Me gustaba tenerla ahí. De vuelta. Me resultaba complicado expresarla con palabras. Era un sentimiento. Un sentimiento en estado puro.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Genio Contenido

¿Y ese genio? ¿De dónde le había salido? Me quede embobada mirando la pantalla del móvil. Tenía genio. Sin duda. A veces. O eso parecía. Me había gustado. Me había parecido incluso sexy. Pero no la tenía cerca. Por suerte o por desgracia. Sin duda era por desgracia. Suspiré. La habría besado. Vaya que si la habría besado. Sin pensármelo dos veces. Sin pensármelo ni tan siquiera una. Sin pensar.

miércoles, 28 de septiembre de 2016

No te olvides de mí

Volvía a tener problemas de concentración. Se estaban convirtiendo en algo habitual. ¿Cuantas veces había ya leído la misma frase? ¿3? ¿4? Me gustaba su cara de concentración. No podía evitar mirarla de vez en cuando sin que se diese cuenta. No quería desconcentrarla... más... Volví los ojos al libro. Podía hacerlo. O no... solo quería levantarme y besarla. Besarla hasta que me culpase de su poca concentración. Besarla hasta que se le olvidase el trabajo. Besarla hasta que se olvidase de todo. De todo menos... de mí. 

Recuerdos de una noche

Se había convertido en uno de mis gestos preferidos. Me llenaba de paz. De seguridad. Me hacía sentir protegida. Era un gesto sencillo pero me encantaba. Aún recordaba la primera vez. No había sido hacía mucho. Sus brazos me rodeaban. Me acurruqué un poco más. Y de repente... sentí sus labios sobre mi frente. Sonreí. No pude evitarlo. Había vuelto a hechizarme. Inconscientemente. Como solo ella sabía hacer.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Más

Volví a atraerla hacía a mi. La quería más cerca. Me hacía vulnerable. Su tacto. Su olor. Sus labios. Todo me invitaba a ella. Había revolucionado mi mundo. Hacía que sentimientos perdidos, apareciesen. Como por arte de magia. Deseándola. Cada día más. Había derretido el invierno. Ya no quedaba nada. Solo calor. Un fuego abrasador que se había adueñado de todo. Acelerando los latidos de mi corazón. Dejándome sin aliento. Pidiendo a gritos... más. 

Confesiones de medianoche

Las palabras empezaron a salir de mi boca. Una a una. Llevándome a un pasado que trataba de contener. Ya no podía pararlas. Había empezado y ya no había vuelta atrás. Ella no me había presionado. Había tenido paciencia pero yo no podía seguir guardándolo. No a ella. Quería que lo supiese. Mi historia. Y no huyo. Se quedo ahí. A mi lado. No se iba a marchar. No me dejaría sola. La mire a los ojos y lo supe. No se alejaría. Y me relaje. Podía respirar de nuevo. Sin carga. Sin secretos. Solo yo. Transparente. De nuevo.

domingo, 25 de septiembre de 2016

No sé si sabes...

No sé si lo sabes pero cada mañana al abrir los ojos tú eres la primera persona en la que pienso. Es una forma perfecta de empezar el día. Con una sonrisa. Y por las noches, cuando todo está en calma, cuando lo único que se escucha es el ronroneo de un gato. ¿Sabes que es en lo que pienso? En ti. Eres mi último pensamiento del día. Un pensamiento que me relaja. Que me asegura que nos volveremos a ver. Pronto. Muy pronto. 

sábado, 24 de septiembre de 2016

Sentimientos descongelados

Respiré hondo y me dejé llevar. Alejé aquellos recuerdos que amenazaban a diario con salir a la superficie. No los dejaría. Me había fortalecido con el paso del tiempo. No volvería a ser la de antes. Nunca más. De eso estaba completamente segura. Había cometido errores. Y había pagado por ello. Ahora era diferente. Había cambiado. Tanto que casi ni me reconocía. Y ella me había encontrado. Casualidad. Destino. Magia. Quién sabe. Pero ahí estaba. Diciéndome que no me dejaría sola. Prometiéndome paciencia. Y la necesitaría. Tenía mis límites. Mis inseguridades. Mis miedos. Pero no me alejaría. Algo me acercaba a ella. Irremediablemente. A cada minuto. A cada segundo. Despertando sentimientos. Sentimientos que hacía tiempo... se habían congelado. 

Deseos impacientes

En días así solo quería verla. Abrazarme a ella y que no me soltase. ¿Cómo había conseguido tanto en tan poco tiempo? Escuchaba la música. Su música. Sus manos seguían deslizándose por el piano. Tecla a tecla. Asombroso. Estaba hechizada. Cerré los ojos y pedí un deseo. Que al abrirlos estuviese ella. ¿Era mucho pedir? Demasiado. Abrí los ojos. No estaba. Tendría que ser paciente. Solo sería un día. Solo un día.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Latidos

Me acurruque en sus brazos e inspiré profundamente. Sentí como cada parte de mi se iba relajando. Dejándose llevar. Cerré los ojos y lo oí. Era el sonido de su corazón. Un sonido diferente, especial. Me centré en el. Inconscientemente. No me pareció que hubiese nada más importante en aquel momento. Solo aquel sonido. Sus latidos. Nada más.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Hechizada

​Intentaba concentrarme. Te juro que lo intentaba pero me lo ponía muy difícil. Me volvía a mirar y estaba perdida. ¿Como lo hacía? No recordaba que estaba diciendo. Me desconcentraba. Tenía unos ojos preciosos. Y vuelta a empezar. ¿Que estaba diciendo? Ya me había vuelto a olvidar. Maldije para mis adentros. ¡Otra vez! ¿Sería siempre así? No tenía ni la más remota idea. Disfrutaría del momento. Como hasta ahora. Hechizada.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Acortando distancias

Todavía sentía el sabor de sus labios sobre los míos. Haciendo que mis pulsaciones se disparasen. Entrecortando mi respiración. Dejándome prácticamente sin aliento. Pero quería más. ¿Es que nunca tendría suficiente? Cada día me acercaba más y más. Como un imán. Hechizada. Estaba poniendo patas arriba mi mundo. Sin darse cuenta. Derritiendo el invierno. Rompiendo poco a poco las barreras que yo misma había creado. Para protegerme. Para no salir herida. ¿Acaso serían inútiles contra su magia? Quien sabe. Solo había una forma de averiguarlo. Solo tenía que... quedarme. Sencillo, ¿verdad?

martes, 20 de septiembre de 2016

Pensamientos descontrolados

​Pensaba mucho en ella. A diario. A todas horas. No podía parar. Hiciese lo que hiciese ahí estaba ella. Una frase. Una mirada. Un beso. Haciéndome sonreír. Aumentando mis ganas de volver a verla. Contando los días. Impaciente. Esperando el momento en el que sus ojos volviesen a leer los míos. Adivinando mis intenciones. Imaginando mis pensamientos. Haciendo eso que ella tan bien sabe hacer. Magia.

viernes, 16 de septiembre de 2016

Cambio de camino

​ Los recuerdos me abruman. Llegan uno por uno. Dejándome sin aliento. Hoy me habría casado con ella. Lo había dicho muchas veces. Hoy hacía 5 años del primer beso. 5 años desde la primera vez que me cogió de la mano. 5 años desde que empezamos una historia. Nuestros caminos se habían unido. Unido para caminar juntas. Una historia repleta de amor, cariño, entrega, risas y sueños. Todo se había desvanecido. Ya no quedaba nada. Solo un tremendo vacío que no sabía si algún día sería capaz de llenar.

jueves, 15 de septiembre de 2016

Despertando sensaciones

Ya no había vuelta atrás. Me gustaba. Sí. Me gustaba. Ya lo había dicho. ¿Contentos? No era algo que pudiese controlar sin más. Sucedió. Sin querer. Sin pensarlo. Cuando menos me lo esperaba. Disfrutaba del momento. Me gustaba tenerla cerca. Hablar. Reírnos. Me gustaban incluso los nervios. O la sonrisa de oreja a oreja. Me encantaba esa sensación de felicidad que llenaba cada ápice de mí. Una sensación que creía perdida. Me gustaban sus besos. Sonreía de solo recordarlos. Quería más. Quería besarla mucho más. Toda la noche si ella así lo desease. Me gustaba el contacto de sus manos sobre mi piel. Tímido. Nervioso. Cuanto más me acercaba a ella más quería acercarme. Sin importar el miedo. Me dejaría llevar. Disfrutaría del presente. Sin importar nada más. Nada.

Superando miedos

Lo llevaba deseando toda la noche. Cuanto más avanzaba más lo deseaba. ¿Cómo sería besarla? ¿Cómo sería sentir sus labios sobre los míos? Estaba confusa. Tampoco estaba segura de recordar cómo se hacía. Me daba miedo. Tanto que me acobardaba. Salvo por una fracción de segundo. Esa fracción lo cambió todo. Su cara había quedado demasiado cerca. Era demasiado tentador. Vacile. Claro que vacile. Por un instante. ¿Cómo no hacerlo? ¿Y si me rechazaba? Pero me arriesgué. Y me acerqué más. Nuestros labios se fundieron en un beso. Suave. Lento. Acelerando a cada segundo los latidos de mi corazón. Olvidándome del mundo. De lo que nos rodeaba. En ese momento no había nada más. Nada. Solo ella. Solo ese beso. Solo nosotras.

Perdiendo concentración

Céntrate. ¡Vamos! Concéntrate. No es tan difícil. Deja de mirarla así. ¡Para! No me lo estaba poniendo nada fácil. La curiosidad me estaba abrasando. No podía parar de mirarla. Y quería... Quería besarla. La sola idea me asustaba. Más de lo que jamás había imaginado pero quería hacerlo. Deseaba hacerlo. Pero no lo hacía. Aguantaba. Disfrutaba del momento. De sus historias. Del sonido de su risa. De su voz. O simplemente de esa forma de mirarme. Me ponía nerviosa. Alteraba las mariposas de mi estómago. Ya no había forma de calmarlas. Estaba perdida. Muy pérdida.

martes, 13 de septiembre de 2016

Impaciente

​Impaciente. Era un rasgo que empezaba a caracterizarme. Innegable. Solo quería verla. Verla otra vez. No entendía que me estaba pasando. Me sentía como un gato asustado. Sin saber muy bien qué hacer. Perdida. Era confuso. Ocupaba mi mente. A diario. Sin poder evitarlo. Sacándome sonrisas tontas. Haciéndome sentir ese cosquilleo en el estómago. ¿Tendría ganas de verme? Quería saber que pensaba. Que se le pasaba por la cabeza. La curiosidad siempre jugaba en mi contra. ¿Por qué me resultaba tan difícil de leer? No podía ser tan difícil, ¿o si?

domingo, 11 de septiembre de 2016

Elecciones de felicidad

Me estaba acostumbrando. ¿Acostumbrando a qué? Al cosquilleo en el estómago. Esa sensación que aparecía cada vez que me hablaba, cada vez que me miraba. Estaba siendo sencillo. Más de lo que había imaginado. Ella lo iba consiguiendo poco a poco. Acercándome. Como un imán. Podría resistirme. Podría alejarme. Tenía opción. Podía elegir. Pero no quería. No quería alejarme. Me gustaba esa sensación. Elegía quedarme. Elegía dejarme llevar. Relajarme y disfrutar. Elegía ser feliz.

viernes, 9 de septiembre de 2016

Sentimientos inexplicables

Y de repente la vi. Era ella. Estaba completamente segura. No podía ser otra. Sus ojos encontraron los míos. Oscuros. Intensos. Su mirada atravesó la mía. Desarmándome. Haciéndome sentir vulnerable. ¿Quién era esa chica y que estaba haciendo conmigo? Todavía no lo entendía. Solo sentía las pulsaciones cada vez más aceleradas a medida que se acercaba. Relájate. Relájate. Me repetía una y otra vez. No podía. Demasiado tarde. Era demasiado tarde.

Misterio

Y de repente la vi. Era ella. Estaba completamente segura. No podía ser otra. Sus ojos encontraron los míos. Oscuros. Intensos. Su mirada me atravesó. Desarmándome. Haciéndome sentir vulnerable. ¿Quién era esa chica y que estaba haciendo conmigo? Todavía no lo entendía. Solo sentía las pulsaciones cada vez más aceleradas a medida que se acercaba. Relájate. Relájate. Me repetía una y otra vez. No podía. Demasiado tarde. Era demasiado tarde.

sábado, 3 de septiembre de 2016

Congelando la felicidad

Entrelazaste tu mano con la mía y el tiempo se congeló. Solo podía sentir tu mano junto a la mía. Un gesto natural. Nuestro. No podía pensar en nada más. El mundo había dejado de existir. Ya solo estábamos tú y yo. Y tu risa. Una risa contagiosa. Una risa que me impedía apartar la mirada ni un solo segundo. Estabas preciosa. ¿Por qué no podías verte a través de mis ojos? ¿Por qué? Era asombroso. Desprendías felicidad sin darte cuenta. Esa eras tú. Feliz, despreocupada. Intentando hacer una de las tuyas. Arrastrándome contigo. Solo quería parar el tiempo. Congelar esa felicidad y hacerla eterna. Para ti. Maldije para mis adentros. No podía. Por mucho que lo desease pero no importaba. Inventaría mil maneras de hacerte sonreír. Y otras mil más por si acaso. Lo haría. Por ti. Como siempre.

viernes, 12 de agosto de 2016

Felicidad en los pequeños detalles

Creo que podría volver a acostumbrarme. Acostumbrarme a verte todos los días por el resto de mi vida. No sería difícil. No necesitaría paciencia, ni aguante, ni esfuerzo. Ya lo había hecho una vez. Podría hacerlo una segunda. Sería fácil. Fácil acostumbrarme a los pequeños detalles. A las miradas infantiles. A las pequeñas caricias. A todas esas pequeñas cosas que conforman lo que algunos llamarían felicidad. 

lunes, 8 de agosto de 2016

Desconectando

​Me estaba ahogando. La cabeza me iba a estallar y de repente... Ella. Una frase. Una estúpida frase. E hizo que todo se esfumase. Ya no había recuerdos. Ni carga. No había nada. Solo una sonrisa dibujada en mi cara. Y unas ganas de verla que aumentaban con cada día que pasaba. Quería verla. Lo había aceptado. Aquella chica me gustaba. Me gustaba. Ya no lo negaba. Además... ¿Por qué iba a negarlo? 

domingo, 7 de agosto de 2016

Desintoxicación

"¿Por qué las rupturas son tan insoportables? Tal vez porque todo nos recuerda a nuestro amor pasado, a que lo hemos perdido. Escuchar nuestra canción preferida en la radio, comer perritos calientes en el parque donde pronunciamos nuestros primeros te quiero. Con razón no podemos aguantar 24 horas sin romper a llorar… Cuando vemos imágenes de nuestros seres amados, el núcleo caudado de nuestros ganglios basales se inundan de dopamina, la nicotina y otras drogas también provocan un incremento de dopamina. Cuando intentamos dejar de fumar o de consumir azucares, nuestro cerebro ansia dicha sustancia. Exactamente igual que anhela a esa persona que nos ha destrozado el corazón, y haremos cualquier locura para conseguir nuestra dosis. Eso se debe a que cuando nos enamoramos, no parecemos adictos, somos adictos. Literalmente. Y como todos sabemos, pasar el mono es un suplicio."
- Perception

sábado, 6 de agosto de 2016

Despertando un sentimiento

Por una milésima de segundo el mundo se paró. Solo podía ver aquella sonrisa. En aquel momento su sonrisa lo era todo. ¿Cómo podía haber estado tan ciega? ¿Cómo no me había dado cuenta antes de lo que me estaba pasando? Ella solo sonreía. Una sonrisa bonita, diferente. No podía apartar la mirada. Me había descolocado. Entonces caí en la cuenta. Estaba perdida. El sentimiento se había abierto paso, lentamente, sin avisar. Estaba dentro. No había vuelta atrás. Era demasiado tarde. ¿Qué me había hecho esa chica? Me hacía desconectar. Evadirme del mundo. Sin querer. Sin darse cuenta. Siendo simplemente... ella. Solo ella.

jueves, 4 de agosto de 2016

Sentimientos con luz propia.

Había quedado en media hora. Media hora. Tenía 30 minutos para cambiar mi estado de ánimo. ¡Solo 30 minutos! Para esconder el dolor. Ponerle un parche al corazón y guardarlo en una caja. Apretarlo bien. No puede escaparse. No puede huir. Mis sentimientos tienen que quedarse  ahí. Ahogándose si es posible. Lo dudaba bastante. Encontrarían la manera de salir. De seguir respirando. Siempre lo hacían. No importaba lo mucho que luchase. Lo mucho que me esforzase por esconderlos, guardarlos o ignorarlos. Brillaban demasiado. Y yo era incapaz, incapaz de contenerlos. Y no lo hacía.

¿Como arreglar un corazón roto?

​​"HGK... HGK... ¡HGK!" Exclamé en voz alta. Es ella. Es ella. Mi cuerpo giró casi de  manera instantánea. Buscaba desesperadamente aquel coche rojo fuego que llevaba dentro a la única persona que había amado. Que aún amaba. Era ella. Era su coche. Iba dentro. Claro que iba dentro. Lo sé. Y aunque no podía verla, lo sabía. Se me corto la respiración. No podía apartar la vista del coche. Me costaba respirar y la presión en el pecho había vuelto. Mis ojos se habían clavado automáticamente en aquel coche. Esperaba una señal. El sonido de un claxon. Una mano saludando. Algo. Lo que fuese. Me engañaba. Seguí ahí plantada. Viendo cómo se alejaba. Otra vez. Una de las tantas. Nuestros caminos se habían separado. Y cada día se separaban un poco más. Alejándonos la una de la otra. Era hora de empezar a asumirlo. Pero... ¿Cómo? La herida aún seguía abierta. Escocia. Seguía sangrando. No sabía cómo curarla. No sabía arreglarme... No sabía hacerlo.

martes, 2 de agosto de 2016

Optimismo en un vaso

"Siempre ves el vaso medio lleno, incluso aunque solo quede una gota." Me decías en alguna ocasión. Era verdad. Siempre había sido así. Optimista. Sin importar lo complicada que fuese la situación. Tendría solución. Tendría suerte. Podría con ello. Aunque a veces un exceso de optimismo también puede ser sinónimo de una gran estupidez. ¿Acaso importaba? ¿Era mejor ser negativo? ¿Pesimista? ¿Sumergirse en las tinieblas y dejar que me devorasen? No me atraía especialmente la idea. Creía en el vaso medio lleno. Creía en esa gota. En esa minúscula gota que estaba en lo más profundo del vaso. Esa que solo yo podía ver. ¿Que por qué? Porque esa gota lo era todo. Marcaba la diferencia. Era el atisbo de esperanza que se negaba a irse. Que seguía ahí. Luchando. Resistiendo. Esperando...

jueves, 28 de julio de 2016

Fechas inolvidables

Soy buena para las fechas. No cualquier fecha, sino las fechas importantes. Siempre ha sido así. Hay fechas que recordamos con mucha facilidad porque nos traen buenos recuerdos. El primer beso. La primera vez que hiciste el amor con la persona adecuada. O simplemente la primera vez que la viste. Desgraciadamente no todo son fechas buenas, otras muchas te recuerdan momentos que jamás desearía recordar. Porque duelen. Porque han marcado un antes y un después en tu vida. Y no puedes olvidarlas. Todos tenemos una fecha que desearíamos olvidar. Yo, por ejemplo. Viernes 27 de Mayo del 2016. El momento en el que todo acabo. En el que ya nada tenía sentido porque todo se derrumbaba a mi alrededor. Empezando por mí. Ayer hizo 2 meses. Recordaba la fecha. Perfectamente. Los recuerdos siguen atormentándome. La carga sigue en su sitio. Todo ha cambiado desde entonces. Yo he cambiado. Y he cambiado tanto. Ojala ella pudiese verlo. Ojala ella pudiese disfrutar de la persona que soy ahora. Puede que sea tarde. Puede que nuestros pasos no vuelvan a caminar juntos. Y puede que yo algún día deje de esperar. No ahora. El sentimiento es demasiado fuerte, demasiado intenso. Demasiado puro.

lunes, 25 de julio de 2016

Fragmentos de una vida

Aun podía escuchar el sonido de su voz al entrar por la puerta. "Holi pichon". Una y otra vez. Como si hubiese sido ayer. Como si estuviese ocurriendo en este preciso instante. Una voz llena de felicidad, de cariño, de amor. Dos palabras que lo inundaban todo. Llenando la casa de felicidad en cuestión de segundos. Y yo... Yo solo quería correr hacia la voz. Correr hacia la persona que pronunciaba aquellas palabras y no soltarla. Como había hecho miles de veces. Una por cada vez que las escuchaba. ¿Que por qué? Porque eran para mí. Para nadie más. Solo para mí.

sábado, 16 de julio de 2016

Nuevas sensaciones

Se acercó lentamente y me besó. Me quedé paralizada. Sentí sus labios pegados a los míos. Suaves. Muy suaves. Como la seda. Tenía miedo pero no me aparté. Me gustaba esa sensación. Una ola de calor recorrió mi cuerpo. Ella se apartó, giró sobre sus pasos y empezó a caminar. ¿Por qué se aparta? ¿A dónde va? No. No. No quería que se fuese. Alargué mi mano y atrapé la suya. Ella me miró y nuestros ojos conectaron. Me acerque, rodeando su cintura con mis brazos y la pegué a mí. Volví a mirarla un segundo y entonces... la besé. Disfruté de aquel beso. Dulce. Suave. Tierno. Disfruté de los besos que le siguieron. Disfruté incluso de los nervios. De aquel cosquilleo que se había instalados en mi estómago. Disfruté de ella. De aquella chica que casi no conocía. Disfruté del momento. Disfruté de algo nuevo.

Una ventana hacia la tranquilidad

Las palabras se acumularon en mi boca. Las tenía en la punta de la lengua. Apretaba mis labios intentando contenerlas. Sacarlas sería aceptarlo. Asumir la realidad. Y no sabía si estaba preparada. Sentía como querían salir. Debían salir. "Grítalo" dijo ella a mi lado. Podía hacerlo. Cogí aire por última vez y grité Las palabras brotaron. Salieron disparadas. "Sarah ya no me quiere" Grité hasta quedar sin aliento. Se lo grité al viento. Se lo grité al mundo. Me lo grité a mí misma. Sobre todo a mí misma. "¿Algo más?" preguntó ella. Sí. Había algo más. Volví a vacilar. Estaba siendo más difícil de lo que jamás había imaginado. Tenía un nudo en la garganta. "Y ya no están juntas" gritó ella a mi lado. "Y ya no estamos juntas" grité desde lo más profundo de mi interior. Dejando que las palabras se fuesen con el viento. Llevándoselas muy lejos. Alejándolas de mí. Y se fueron. Salieron y se sumergieron en la oscuridad. Se habían ido. Lo había conseguido. Había gritado y ahora... ahora sentía alivio. Como si la carga se hubiese aligerado un poco. Como si al fin pudiese sentir algo de paz. Algo de tranquilidad. Y pudiese volver a respirar de nuevo.

jueves, 14 de julio de 2016

Temporal

Me abracé a él con fuerza. No quería que se fuese. No quería que me dejase sola. No ahora. ¿Por que todos tenían que irse cuando mas los necesitaba? Sentí como las lagrimas corrían por mis mejillas. "No te vayas" susurré. Quedarse no era una opción. Sería temporal. Aun así no deje de abrazarlo. Me sentía pequeña. Como si volviese a tener 5 años. Vulnerable. Asustada. Seguía siendo su niña. Su princesa. "Será temporal" repetí para mis adentros. Solo temporal.

lunes, 11 de julio de 2016

El secreto de los buenos días.

La noche había sido horrible. Y no me esperaba gran cosa del día siguiente. Incluso baraje la posibilidad de cancelarlo. Aunque sabía que no lo haría. Me conocía demasiado bien. No recuerdo en que momento conseguí dormirme. Solo recuerdo la vibración. La luz. El móvil. Una llamada. Miré y ahí estaba nuestra foto. En la llamada entrante. Felices. No sabía si cogerlo. Solo quería seguir durmiendo. Al final descolgué y su voz sonó al otro lado de la línea. Su voz. Dulce. Como la echaba de menos. Me encantaba despertarme de aquella forma. Con el sonido de su voz. Con un buenos días. Era el secreto para empezar un gran día. Para un buenísimos días. Ella. Y solo ella.

¿Esperanza, optimismo o estupidez?

Me siento mareada. Como si todo me diese vueltas. La presión en el pecho se estaba haciendo insoportable. Casi tanto como el nudo en la garganta. Me cuesta respirar pero sigo sonriendo. No puedo mostrar mis sentimientos. No puedo dejarme llevar por mis emociones. No ahora. No porque no sé si sabré parar. Y no quiero volver atrás. No quiero decirlo en voz alta. Se haría real. Se haría más vivo. Ya no habría vuelta atrás. No la había. Yo había tomado mis decisiones. Ella había hecho las suyas. Todos nuestros pasos nos habían llevado a esto. Causa. Efecto. No me quería. Ella ya no me quería. Yo me lo había buscado. Yo quería saberlo. Necesitaba saberlo. Lo necesitaba para avanzar. "No me quiere". Esa frase había entrado en bucle. Se repetía una y otra vez. Me sentía en shock. A un segundo de desmoronarme. No puede ser real. La mujer que tenía ante mis ojos me amaba. Me había amado con todo su alma. Me había dado todo el amor de su corazón. Lo había dado todo por mí. Y ahora me estaba diciendo que no me quería. ¿Cómo podía estar pasando esto? No era real. No podía serlo. Tenía que ser una pesadilla y alguien me despertaría en cualquier momento. La oscuridad empezaba a devorarme. Estaba rodeada.  Me estaba ahogando. Y ella no me salvaría esta vez. No podía. Se había ido. La luz. Mi luz. Se había apagado. Ya no me quería. Ya no estábamos juntas. No quedaba esperanza. No ahora. Aunque la seguía sintiendo. Era absurdo. Me reía de solo pensarlo. ¿Esperanza? ¿En serio? Si. Podía sentirla. Se negaba a irse. "Quizás algún día" me susurraba. Quizás en algún momento nuestros caminos volviesen a encontrarse. Solo quizás. Y ese quizás me mantenía en pie. Ese ápice de esperanza, de optimismo o de estupidez. Quién sabe.

miércoles, 6 de julio de 2016

Transparente

Hoy no habrá textos que hablen de amor, de ilusión, de dolor o de odio. Tampoco habrá palabras bonitas o frases desgarradoras. No. Hoy solo quiero decir dos palabras. Dos palabras que lo resumen todo. Simple. Sencillo. Transparente. Como yo. Solo dos palabras. 
Te Quiero.

lunes, 4 de julio de 2016

Imbécil

No soy una de tus clientas. No me hables como si lo fuese. Como si solo fuese un evento más que apuntar en tu agenda. ¡Soy yo! La persona con la que compartiste casi 5 años de tu vida. ¿Te acuerdas de mí? ¿O ya soy solo un vago recuerdo? Alguien a quien ya no merece la pena dedicarle ni tan siquiera un minuto de tu vida. Podría aceptarlo. Podría intentar aceptarlo. Que ya no soy importante. Que ya no soy especial. Que ya no soy nada. Podría pero no da la gana. ¿Sabes en que me convierte eso? En una estúpida. Gracias.

Lo imprescindible

La última vez que me senté aquí tú me querías. Estabas loca por mi. Querías escaparte a otro país. Muy lejos. Conmigo. Solo conmigo. La última vez que me senté aquí tus ojos brillaban al mirarme. Sonreías de felicidad y hacías lo que fuese por estar cerca de mi. Ya fuese sencillamente mentir o recorrerte 600 km solo para aparecer por sorpresa ante mí. La última vez que me senté aquí fue hace unos 4 años. No recuerdo el día. No recuerdo mucho más. Solo te recuerdo a ti. El amor. La felicidad. Lo imprescindible.

sábado, 2 de julio de 2016

Tanto con tan poco

¿Dónde estaba mi autocontrol cuando lo necesitaba? Creo que se había esfumado en el momento en que sus ojos conectaron con los míos. Volvía a estar perdida. Solo escuchaba mis pensamientos revoloteando sin control. Estaba demasiado cerca. Su aroma. Su voz. Sus ojos. Su boca. Todo me invitaba a acercarme. A perderme. Me costaba resistirme. Sentía como mi corazón avanzaba a la par que mis pensamientos. Tenía que salir de allí. Tenía que hacerlo o lo arruinaría. Me baje del coche y con paso decidido crucé la calle. Un problema. A cada paso mi fuerza de voluntad menguaba. ¿Qué estaba haciendo? Me había parado en medio de la carretera. ¿Qué pasaría si...? No, no, no y no. Eso quitártelo de la cabeza. No vas a hacerlo. Demasiado tarde. Ya estaba girando sobre mis talones y caminando en su dirección. Genial. Adiós al autocontrol. Necesitaba un plan. Una idea. Lo que fuese. ¡Rápido! No podía arruinarlo. No esta vez. Solo había una solución. Modificar la idea original. "¿Puedo darte un beso en la mejilla?" le pregunte tímidamente a medida que me acercaba. ¿En serio había dicho yo eso? Sonaba estúpido y cursi. Definitivamente era idiota. Lo había declarado en voz alta. Y ahora ella lo sabía. "Si" contestó ella con una sonrisa. ¿Había dicho que sí? Sonreí. No tuve que pensármelo dos veces. Llevaba semanas sin estar tan cerca. Lo deseaba. Daban igual los nervios. No sería una cobarde. No renunciaría a lo que quiero por miedo. Así que me acerque y le di un suave beso en la mejilla. "Buenas noches" le susurré al oído. "Princesa" añadí para mis adentros. "Buenas noches" respondió ella. ¿Como era capaz de darme tanto con tan poco? Con dos simples palabras había vuelto a instaurar aquella sonrisa en mi cara. Tan mía. Tan suya.

Arriesgate

¡Que alguien pulse el botón de pausa! Demasiados pensamientos. Demasiadas emociones. Necesito ordenarlos. Quieren salir. Estoy a punto de explotar. Todos en la punta de la lengua. Frases, palabras, textos enteros empiezan a formarse sin control en mi cabeza. ¿Cuánto hacia que no me pasaba esto? La necesidad de escribir como si no hubiese un mañana. Como si el tiempo se hubiese detenido para mí. No sé cómo sacarlos. Necesito escribir. Necesito expresarlo. Respira, respira. Tengo que relajarme. Descarto que pueda dormir ahora. Imposible. ¿Sabéis que más es imposible? Ocultar esta sonrisa. No puedo pararla. No quiere irse. Y no quiero que se vaya. Es una sonrisa estúpida, tonta. De adolescente. Como si fuese la primera vez. No sé si estoy haciendo bien. O si todas mis acciones son un completo error pero no puedo pararlo. Esta soy yo. La que se guía siempre por su corazón. La que sabe que si no lo intento algún día me arrepentiré de ello. Dicen que quien no arriesga no gana. ¿Y que crees que voy a hacer? Es fácil. Yo elijo arriesgar. 

jueves, 30 de junio de 2016

Las palabras no bastan

¿Qué tengo que hacer? ¡Dímelo! No lo sabes... Yo tampoco. A veces me siento perdida. Solo intento que vuelvas. A mi manera. No sé qué debería hacer. No creo que las palabras valgan la pena. No creo que sirvan para hacerte volver. No sé si leer recuerdos, momentos o frases pueden avivar los sentimientos. No creo que aviven el deseo, la pasión, el amor. Una parte de mi quiere creer que sí. Que puede que ayuden. Por eso siguen saliendo. Expresando el sentimiento tan fuerte que sigue estancado en mi interior. Que no va a moverse. Que seguirá ahí. Hasta que el ultimo ápice de esperanza se esfume. No valen las palabras. No existen negociaciones. No se moverá. Porque cree en esto. Cree en ti. Siempre lo ha hecho. Por eso se niega a moverse. Sin importar las lágrimas. Los momentos de debilidad. La rabia temporal. Nada importa. Solo este sentimiento. Este amor tan profundo que jamás había sentido y que jamás había recibido. ¿Cómo olvidar? Es absurdo. Hay esperanza. Quizás sea una remota posibilidad pero... ¿Y si al final del camino estas tú? Tengo que seguir caminando. Tengo que seguir en pie. Esperando que el camino sea corto. Esperando que en cualquier momento aparezcas y yo me queje de lo mucho que has tardado. Como siempre. Esperando con una ilusión a veces estúpida e incontrolable. Esperando. 

La Risa

Es cierto cuando dicen que la risa es la mejor medicina. Una gran verdad. Reírse es bueno. Muy bueno. Te relaja. Liberas tensiones. Lo difícil es encontrar a las personas adecuadas que te provoquen carcajadas puras, a pleno pulmón. Dejándote sin aliento. Haciendo que te olvides de todo. Centrándote solo en ese momento. En el sonido de una risa que lo envuelve todo.

miércoles, 29 de junio de 2016

Lo que realmente cuenta

Aun podía recordar el dulce sabor de tus labios sobre los míos o el sonido de tu risa cuando mi niña interna salía a la luz. Podía recordar cómo si fuese ayer tu cara de niña pequeña cuando intentabas salirte con la tuya. Eliminando cualquier rastro de madurez. Vulnerable. Alegre. Feliz. Recordaba el tacto de tus manos. Rodeando mi cara o entrelazándose en mi pelo. También podía recordar el silencio. Un silencio acogedor. Un silencio donde nuestras miradas hablaban por sí solas. Donde las palabras no hacían falta. Recuerdo los nervios. Las mariposas. Creando un ejercito imparable. Sin importar el motivo. Sin razón. Una sonrisa tuya. Un leve roce. Un beso. Un guiño un ojos, de esa forma tan especial que solo tú sabes. Y ya me tenías ganada. En la palma de tu mano. Recuerdo la calma de tus brazos en los días malos. Mi refugio. Mi hogar. A veces incluso sigue resonando en mi cabeza tus quejas constantes. Una y otra vez repitiéndome que yo no tenía una cama, sino media cama. Lo curioso era lo mucho que dormías para ser solo la mitad. En aquellos momentos no parecía importarte mucho donde había guardado la otra mitad. Por desgracia para ti, seguiría siendo un misterio. Recuerdo las horas al sol y las conversaciones interminables. Cada día podía irme a dormir sabiendo que había aprendido algo nuevo. Tenías la capacidad de sorprenderme. Cualquier pequeño detalle que viniese de ti me parecía perfecto. Y eso era lo que siempre nos había importado. Los pequeños detalles. Aquellas pequeñas cosas que sacaban lo mejor de nosotras con muy poco. Acercándonos cada vez más, sin importar nada más. Al fin y al cabo, eso es lo que cuenta. Los pequeños detalles. ¿Verdad?

martes, 28 de junio de 2016

Proyecciones al pasado

¿En qué momento pensé que esto sería una buena idea? ¿Soy masoca? ¿Me gusta influirme dolor a propósito? No. ¡Claro que no! Solo soy imbécil. Así de sencillo. Años queriendo reorganizar mi ordenador portátil y he decidido hacerlo ahora. En el mejor momento. Me aplaudo. Soy un genio. Una gran idea. Repasar cada momento. Cada instante a tu lado. Todas esas miles de fotos y vídeos donde se puede palpar el amor, la felicidad, el cariño. Casi puedo escuchar tu risa o tus tonterías. Casi puedo sentir tu amor. Casi. Cada foto me devuelve al pasado. Haciéndome recordar. Haciéndome reír y llorar al mismo tiempo. No puede ser. No lo acepto. Sigo sin poder asimilarlo. Parece un sueño. Te quiero. Me quieres. Es sencillo. Es suficiente. ¿No? No soy la misma. No me siento la misma y no volveré a serlo. Me gusta la persona en la que me estoy convirtiendo. Me gusta mucho. Me estaba perdiendo y me estoy encontrando. Ahora encuéntrate y vuelve.

Trazos insaciables

Y de repente las palabras vuelven a mí. Envolviéndome. Emitiendo esa urgente necesidad de expresar lo que siento. ¿Por qué ahora? ¿Por qué no hace 5 meses o un año cuando ella me rogaba que escribiese como antes? ¿Cómo voy a saber la respuesta? No puedo obligarme a escribir. Ella lo sabe. Era insaciable. La inspiración viene cuando lo desea. Sin preguntar. Cuando los sentimientos son tan fuertes que ya eres incapaz de contenerlos en un mero recipiente. Necesitan salir. Ser oídos. Necesitan volar. Y aquí estoy. Dejando que vuelen. Una y ya vez. Sin control. No puedo pararlo. Tampoco quiero. Está soy yo. Mis manos escribiendo lo que mí corazón anhela. Conectados. La tinta de mis sentimientos. Trazo a trazo. Palabra a palabra. Escribiendo por ella. Mi musa. Mi amor. Desde el primer momento. Ella y solo ella.

sábado, 25 de junio de 2016

Sueños familiares.

Pequeños haces de luz iluminaban poco a poco la instancia. ¿Dónde estaba? ¿Qué me había despertado? "Buenos días amor" susurró una voz a mis espaldas. Unas suaves manos rodearon mi cuerpo, atrayéndome. Sonreí levemente. Aún seguía medio dormida. O... puede que esto fuese solo un sueño. En cualquier caso me sentía en paz. Sabía dónde estaba. Estaba en la misma cama con la mujer de mi vida. Mi musa. Sus manos acariciaban mi cuerpo. ¿Podía seguir haciéndome la dormida un poco más? Creo que sí. Siempre lo hacía. Con cada caricia, mi cuerpo se estremecía un poco. Ella sabía que yo no estaba dormida. "Date la vuelta" susurró la misma voz. "No" Se quejó caprichosamente mi voz interna. Quería seguir así. Abrazada a ella. Disfrutando del momento. "Date la vuelta" volvió a susurrar la voz, aunque esta vez con más insistencia. Sabía lo que quería. La conocía muy bien. ¿Me rendiría fácilmente a sus encantos, cualidad innata en mí, o por el contrario seguiría haciéndome de rogar? Difícil decisión. "Bésame". La voz salió de su garganta como un hechizo. Era magia. Sentía como aquellas simple palabra penetraba en mí. Creando un efecto instantáneo. Suspiré y me giré lentamente. Nuestras caras quedaron una frente a la otra. Nuestros ojos conectaron y salto la chispa. Aquella palabra aun resonaba en mi cabeza. No podía resistirme. Toda ella me llamaba. Me invitaba a besarla, a tocarla. La rodeé con los brazos sin dejar por un solo segundo de mirarla. Estaba hechizada. Era preciosa. Jamás había visto algo tan hermoso en toda mi vida. Y me rendí. Acerque mis labios a los suyos y la besé. La besé con dulzura, con pasión. Disfrutando de sus labios, tan vivos, tan perfectos. De sus manos recorriendo cada milímetro de mi cuerpo. Estremeciéndome de placer. Escuchaba su respiración, acelerada, tanto como la mía. Mis manos recorrieron su espalda, bajando poco a poco. Me sentía insaciable. Necesitaba recorrer todo su cuerpo. Y se pararon en su precioso culo, atrayéndolo más hacia mi cuerpo. La quería más cerca. El calor era abrasador. Un fuego incontrolable. Estábamos en un punto sin retorno. Perdidas. La una en la otra. Ardiendo. Llenas de deseo. Llenas de vida. Jugando, una vez más, con fuego.

jueves, 23 de junio de 2016

Deseos transparentes.

No me sentía la misma persona. La que tenía una obsesión con el tiempo. La que tenía ataques de ira. O la que tenía un inmenso dolor dentro. Un vacío abismal. Era como si esa carga negativa que llevaba acumulada desde hacía tanto se empezase a disipar. Liberándome. Haciéndome sentir más ligera. Dejándome ser yo misma. Podía afirmar que me sentía bien. Aunque me seguía faltando algo. Ella. La echaba de menos. Deseaba hablar con ella. Deseaba hacerla reír. Disfrutando del sonido de su risa. Deseaba invitarla a cenar y luego colarnos en un parque en medio de la noche. Deseaba hacer locuras con ella. Perdernos. Deseaba escuchar su voz de dormida por las mañanas. Y ver esa carita que pone, tan dulce, tan preciosa que te dan ganas de cogerla y darle un enorme surtido de besos. Deseaba sucumbir a su deseo cuando me susurraba "¿Me haces unas cosquis por la espalda?". ¡Sí! ¡Sí! Una y mil veces si. Deseaba secuestrarla, en el buen sentido, y llevármela a ninguna parte y a todas a la vez. Descubriendo lugares que jamás hayamos visto antes. Incluso sonreía al pensar en la posibilidad de bailar una vez mas con ella una noche de sábado. Dejando que ella me guiase como siempre había hecho. Deseaba entrelazar mis dedos con los suyos, acercarme a su oído y empezar a cantar. Haciendo algo que jamás había hecho. Solo el sonido de mi voz. Quiero ser valiente. Valiente para hacer las cosas que jamás hago por miedo. Porque ella me ha enseñado a ser valiente. A ser decidida. A decir las cosas que pienso. Ella me ha enseñado a amar. A que sonría como una idiota cuando me llama, cuando la veo o cuando me manda un mensaje. Simplemente sonreír porque es ella. A sentir un ejército de mariposas cuando se acerca o sonríe. A que me tiemble hasta el mentón cuando me besa. A acelerar mis pulsaciones cuando me toca. A olvidarme del mundo entero cuando me dice "Te Quiero" y derribando todas y cada una de mis barreras cuando me susurra "Bésame". Haciendo que el amor sea sencillo. Haciendo que sea único.

sábado, 18 de junio de 2016

Sentimientos Inevitables

A pesar de la adversidad, sonrío. Sonrío al pensar en ti. Mis labios se curvan formando esa sonrisa tan especial. Tan tuya. Porque solo me sale contigo. Puedo sentirla. Y me gusta. Hace que sonría más todavía. Como una idiota. Al recordarte. Momentos juntas. Palabras. Frases. Besos. Todo eso me hace sonreír. Me hace querer más. Me hace estar nerviosa. Nerviosa por la posibilidad de verte en cualquier momento. Sin planearlo. Sin esperarlo. Solo verte. Sentir cómo se me corta la respiración. Como mi corazón empieza a latir cada vez más rápido. Como se me seca la boca ante la posibilidad de tenerte cerca. Como me tiembla el mentón sin poder controlarlo. Sintiendo como cada milímetro de mi piel se calienta. Un calor agradable. Familiar. Que incrementa mi deseo. Mis ganas de jugar con fuego. De acercarte a mí. Piel con piel. Mirarte directamente a los ojos. Retándote. Y acabar haciendo lo inevitable. Rendirme. Rendirme a ti. Pegando mis labios a los tuyos. Besarte como si no hubiese un mañana. Olvidándonos del mundo. Solas tú y yo.

jueves, 16 de junio de 2016

This is me.

La felicidad no depende de una persona. No depende de nadie. Depende de uno mismo. Creo que empiezo a entenderlo. Poco a poco. Paso a paso. Roma no se construyó en un día. Y yo tampoco. He ido cambiando. Cometiendo errores. Aprendiendo de ellos. He progresado. No soy aquella persona de hace 6 años que estaba perdida ante una gran ciudad. O la que fue a su primer concierto con la cara pintada. No soy la misma que se enamoró locamente de una rubia maravillosa una tarde de verano. Ni la que recuerda su primer beso como si fuese ayer. Ni tan siquiera soy la misma persona a la que le destrozo el corazón su primer amor adolescente. Soy un cumulo de historias, de experiencias. Soy todo eso y más. Esa soy yo. La que llora por cualquier tontería. La que disfruta viendo llover. A la que le encantan los grandes abrazos. O la que no es capaz de dormir si un "Buenas noches" y adora los "Buenos días". La persona que incluso con los detalles más insignificantes, sonríe. Y no una sonrisa cualquiera. Sino una sonrisa de verdad. Pura. De esas que son de oreja a oreja y que marcan sus tres hoyuelos. La que siempre, siempre ve el vaso medio lleno. Incluso aunque solo quede una gota. No importa. Esa soy yo. Alegre. Apasionada. Luchadora. Romántica. Dulce. Y con un toque alocado. Es mi esencia. Mi felicidad. Todo está en mi interior. Y estoy preparada. ¿Preparada para qué? Para que todo vuelva a brillar. Preparada para ser feliz.

La esencia perdida

Incontinencia verbal. Las palabras fluían sin descanso. Era asombroso. ¿De dónde salía aquella facilidad? Ella lo llamó amistad. Suena bien. Amistad. No es fácil encontrar personas que merezcan la pena. Podía contarlas con los dedos de una mano. Aunque desde hace un tiempo quizás necesite la otra mano. He conocido personas que se preocupan por mí. Que les importo. Puede que esa idea me asuste un poco. Quizás por la falta de práctica. Quizás por miedos pasados. Sienta bien. Poder contar con personas. Confiar. Aunque eso me suponga un mundo. ¿Podré hacerlo? ¿Confiar? Lo intento. Me estoy esforzando. Destruyendo poco a poco mi coraza. Me hacía sentir bien. El ejemplo estaba ahí. En mi risa. No recordaba la última vez que me había reído así. Con tantas ganas. Estaba feliz. Había aparcado ese frío que llevaba conmigo y estaba siendo yo. Y aquella persona era la causante de evadirme de mis problemas. Mi duelo. Toda la ira. Todo el dolor y el odio acumulado. Sentía como se disipaba con cada carcajada. Y cada una de aquellas maravillosas carcajadas me acercaba a mi esencia, alejándome de la persona en la que me había convertido. Y la que no volvería a ser. Nunca.

martes, 14 de junio de 2016

Nada

¿Cuándo te has vuelto tan fría? Tan distante. ¿Ha sido para ti un alivio? ¿Como quitarte un peso de encima? Eso empiezo a pensar. Que todo es más fácil para ti ahora. Ahora que yo estoy lejos. No tienes "obligaciones". De hablarme. De quedar conmigo. De ser cariñosa. ¿Fingías? Necesito saberlo. El silencio me está matando. Es ensordecedor. Odio quedarme a solas con mis pensamientos. Apareces una y otra vez. Las últimas conversaciones sin vida. Conversaciones carentes de sentimiento. Vacías. Inútiles. Las últimas veces que te vi. Distante. Fría. ¿Y ese cambio tan brusco? ¿Estás actuando? ¿Está eres tú ahora? No puede ser. No me lo puedo creer. Tú no eres así. Es como si yo ya no te importase. Como si hubiese dejado de existir. O peor. Como si nunca hubiese existido.

sábado, 11 de junio de 2016

Atracción Arriesgada

Sabía que había escogido a la chica más complicada de todas. Me iban los retos. Y ella lo era. Ella no era una persona corriente. Era especial. Única. Lo sabía desde hacía mucho. Desde la primera vez que fuimos juntas a la playa. Quizás porque no me molestaba que hablase por los codos. Era raro. Muy raro porque siempre he odiado a las personas que hablan mucho. Y ella era de las que no se callaban ni debajo del agua. Entonces... ¿Por qué ella era diferente? ¿Que tenia de especial? No lo sé. Tenía algo. Lo presentía. Algo que me empujaba a ella. ¿Que era? No fue algo que descubrí de inmediato. No se conoce a una persona y de repente lo sabes absolutamente todo. Lleva tiempo. Esfuerzo. Paciencia. Dedicación. Y algo más. Atracción. Esa atracción que te empuja hacia una persona. A querer saberlo todo sobre ella. Una curiosidad insaciable que te devora por dentro. No pude evitarlo. Ni tan siquiera creo que lo viese venir. Cuanto más la miraba, cuanto más la escuchaba más me atraía. Era tan espontánea, tan alegre, tan impredecible. Tenía tantas historias, tantas experiencias que me parecía casi improbable que alguien de tan solo 20 años pudiese tener todo eso a sus espaldas. Era fascinante. Y yo no podía parar. Ya no había vuelta atrás. Me gustaba y quería gustarle. ¿Sería posible que yo le gustase? ¿Era posible que yo pudiese llegar a gustarle a alguien? Lo veía tan complicado. Tan difícil que una chica como ella se pudiese fijar en alguien como yo. Era mejor darlo por perdido. Podría tenerla de amiga. Sería más fácil. Pero no. Esa no era yo. Cuando quería algo, cuando deseaba algo, luchaba. No me rendiría sin intentarlo. Así que lo intentaría. No sabía por qué. Puede que fuese puro masoquismo. Puede que me gustase que me hiciesen daño y fracasar. Pero... ¿Y si arriesgando conseguía obtener los años más felices de mi vida? ¿Y si ella acabase loca por mí y fuese mutuo? ¿Y si fuese el amor de mi vida? Tenía que hacerlo. Tenía que arriesgarme. Y lo hice.

viernes, 10 de junio de 2016

¿Destino o casualidad?

Mis planes se habían disipado. Tenía un plan. Un buen plan. Sería como la primera vez. Dos chicas en una playa. Una de ellas hablaría sin parar y la otra estaría tan nerviosa que solo podría mirarla y escuchar. Era un bien plan pero se había esfumado con un simple "Trabajo". Menuda novedad. Estaba preparada para esa contestación. Supongo. Resignada seguí mi camino. ¿Qué podía hacer yo? Nada. Estaba atada de pies y manos. No en el sentido literal pero así me sentía. Dejaba que los acontecimientos siguiesen su curso. Sin forzarlos. Las cosas ocurrían por una razón. O eso me llevaba diciendo a mí misma las últimas dos semanas. Todo esto debía de tener una razón. Aunque en aquel momento no supiese exactamente cuál era. No importaba. Debía seguir. Pero el destino es caprichoso. Y es en ese momento en el que piensas que las cosas ocurren por alguna razón. Que parece que tienen un motivo. Como hacer una simple pregunta y tener como consecuencia salir antes del trabajo. Como tener el valor de enviarle un mensaje a una persona concreta. O acabar en un supermercado cerca de la playa. O incluso ver una llamada inesperada. Todo ese cumulo de causalidades llevan a algo. Si alguna de esas cosas hubiese cambiado, todo habría sido diferente. Pero no. Fueron así porque tenían que ser así. Ocurrieron por una razón. O eso quiero pensar. Que aquellas dos chicas no acabaron sentadas en un chiringuito de playa por casualidad. Tenían que estar ahí. Volviendo al principio. Volviendo a una playa. Y había cosas que no cambiaban. Una seguía hablando sin parar. La otra escuchaba. Paciente. Esperando que en cualquier momento la mirase como si nada hubiese cambiado. Como si las dos siguiesen locas la una por la otra.

jueves, 9 de junio de 2016

Siguen apareciendo recuerdos. Son como pequeños flashes que me devuelven al pasado. Que me recuerdan cada uno de mis errores. Cada fallo. Cada NO resuena en mi cabeza. Se clava en mí. Hundiéndome. Haciendo que el dolor se intensifique. Que la culpa haga acto de presencia. Que me aplaste contra el suelo. No... No... No... No... ¡BASTA! ¡BASTA BASTA BASTA! Por favor… Siento la presión en el pecho. Me está matando. Los recuerdos me atormentan. ¿Por qué lo hice? ¿Por qué? Es culpa mía. Lo es. Lo sé. Y cada día me lo recuerdo. Cada día arrastro esa pesada carga. De un lado a otro. No me deja. Me está asfixiando. Me ahogo. Ya no puedo arreglarlo. Y quizás ya nunca pueda.

lunes, 6 de junio de 2016

Volviendo al comienzo

Era como volver a empezar. Volver al inicio. A donde comenzó todo. Con una diferencia. Con una insignificante diferencia. Ahora eramos dos personas con un enorme pasado. Un pasado juntas. Que han roto. Que están dolidas. Perdidas. Y que no quieren alejarse. Por eso a veces se mensajean y quedan. Nadie sabe si eso será bueno. Y no se sabe. Lo único que queda es esperanza. Seguir en pie. Seguir. Ahora es como al principio. Siento nervios. Dudas. ¿Le hablo o no le hablo? ¿Si lo hago será muy pronto? Mejor no. No quiero agobiarla. Entonces espero. Un día. Dos. No puedo más. No quiero ser cobarde. Y lo hago. Le mando un mensaje. La respuesta es casi instantánea. ¿Estaría pensando en mi? ¿Estaría deseando que le hablase? Entonces me hago de rogar. Así comenzó la primera vez. No quería parecer impaciente, ansiosa. No quería que notase lo mucho que la echaba de menos. Por eso esperaba. Volvería a empezar si hacia falta. Incluso de 0 si era necesario. Ya lo estaba haciendo. Con todos los nervios. Todas las dudas. Todas las ganas. Todo. Todo de nuevo. Puedo hacerlo. Sé que puedo. Y voy a luchar. No me rendiré. Nunca.

jueves, 2 de junio de 2016

Sueños rotos.

Lo has destruido. Todo. Me has llenado de heridas y sangro. Sangro por cada una de ellas. Escuecen. Es culpa tuya. Tu has creado el dolor. Tu lo has puesto ahí. Y estas dejando que me consuma. Que me mate lentamente. Que se apodere de cada parte de mi. ¿Esa fue tu solución? Poner una pausa. Una pausa eterna. Arrancando cada recuerdo. Rompiendo cada beso. Destrozando cada resquicio de felicidad. ¿Esa era tu solución? ¡Contesta! Te aplaudo. Fue una gran solución. Para ti. Para quien se va. Para quien se ha rendido. Egoísta. Escogiste la vía fácil. Escogiste. No me diste a elegir. No pude elegir. Yo no escogí el dolor. Yo no escogí la soledad. Yo no escogí el vacío. No pude elegir. Tuve que verte marchar. Tuve que ver como destrozabas una vida. Nuestra vida. Me siento como un perro. Esperando y esperando. Una espera eterna. Dolorosa. ¿Es mas fácil para ti ahora? ¿Te has quitado un peso de encima? ¿Eres feliz o dejaste tu felicidad cuando abandonaste el barco? Cuando abandonaste todos los sueños. Todos los planes. Todo un futuro. Quizás algún día despiertes y te des cuenta de tu error. ¿Que pasará entonces? Que quizás yo ya no siga esperando. Y me habrás perdido.

Odio interno

Estoy enfadada. Quiero gritar. Quiero huir. Quiero irme lejos. Olvidarme de todo y empezar de nuevo. Quiero alejarme del dolor. Dolor que aparece a cada paso que doy. ¿Sabes lo que es eso? ¿Sabes lo que duele? Cada paso duele. Es horrible. Como si me clavase mil agujas. ¿Sabes por qué? Porque cada paso que doy me recuerda a ti. Tú has pisado donde yo piso. Tú has tocado donde yo toco. Tú has dormido donde yo duermo. Estás en todas partes. Estás en mí. Y duele. Y no puedo alejarte. No soy capaz. Estás ahí. Las 24 horas del día. Todos y cada uno de los días. ¿Qué hice mal? ¿Tan difícil era tenerme cerca? ¿Tan difícil era quererme? ¿Acaso yo te exigía tanto? No lo entiendo. Lo intento. Constantemente pero no lo entiendo. ¿Qué tenía que ver yo con todo? ¿Por qué tuviste que alejarme a mí? Era más fácil alejarme que luchar. Escogiste la vía fácil. Te escogiste a ti. Y me dejaste a mí.

miércoles, 1 de junio de 2016

Frío

 Frío. Hace frío. ¿Cómo es posible? Puedo ver el sol encima de mi cabeza. Brillando. Es inevitable. Tengo frío. Siento el calor pero está muy lejos. Como si no llegase a reflejar en mí. Como si yo tuviese una barrera invisible haciendo que el calor no pudiese penetrar. Ahora me doy cuenta. Soy yo. El problema lo tengo yo. No hace frío pero yo lo tengo. Desde que te fuiste. Estoy helada. Soy incapaz de quitármelo de encima. No importa las capas de ropa que me ponga. Está ahí. Haciéndome estremecer. Te llevaste el calor. Todo. Y a mí ya no me queda nada. ¿Recuerdas la vez que me dijiste que yo era como mi propio sol? Lo era. Pero solo porque tú estabas a mi lado. Tenías la capacidad de hacerme brillar. Ahora estoy apagada. Como si tú hubieses apretado el botón de off. Desconectándome. Sin vida. Sin calor. Solo frío.

Te echo de menos

 

Echo de menos tu voz. Alegre. Cantarina. Dándome los buenos días o contándome tus historias. Echo de menos tu risa. Ese sonido que acelera mi corazón. Música para mis oídos. Echo de menos tu olor. Ese olor que para mí solo significa hogar. Un lugar donde siempre puedo volver. Donde estoy protegida, segura y a salvo. Un olor que miles de veces se me ha quedado prendado en la ropa o en la piel después de un abrazo, unas caricias o de hacer el amor. Haciendo que me sienta en casa un poco más. Echo de menos tu mirada. Esos ojos castaños tan profundos. Tan llenos de vida y pasión. Y cuando me guiñan un ojo. Son unos traicioneros. Saben que es uno de mis puntos débiles. Y hacen que sonría como una idiota. También adoro cuando el sol refleja en ellos. Haciendo que me pierda. Que me quede embobada mirándote. Como si no hubiese nada más precioso. Y ni lo hay. Echo de menos tu roce. Que tus manos paseen a sus anchas por mi cuerpo. Haciéndome temblar. Haciendo que me estremezca a cada contacto. Echo de menos tus besos. ¿Cuáles echo más de menos? Todos. Los robados. Los pequeños. Los largos. Los tontos. Los apasionados. Los que exigían más y más. Los que no podías parar. Los que te dejaban sin respiración. Mis labios estarán sellados hasta que vuelvas. Son tuyos. Hasta tu labito. Esa tontería que ya ni recuerdo de donde la sacaste pero es tuyo. Todo tuyo y te echa de menos. Echo de menos tus historias. Aquellas que me contabas una y otra vez. Y todas aquellas que quedaron por contar. Soy paciente. Podría sentarme a escuchar. Una y otra vez. ¿Una historia repetida? No me importa. La volveré a escuchar. Es tu historia. Es parte de ti. Y yo adoro escucharlas. No importa que ya casi me sepa los diálogos. Las escuchare. Te dejaré acabar porque para ti es importante. Echo de menos tu nariz. ¿Raro verdad? No tanto. Tiene sentido. Más del que imaginas. ¿Sabes por qué? Porque adoro nuestros besos de esquimal. Tan Cariñosos. Tan Dulces. Tan nuestros. Echo de menos tu cuerpo. Tan suave. Tan precioso. Me encanta recorrerte hasta perderme. Hasta que solo exista un sentido. El tacto. Echo de menos que me retes. Si claro. Tú me retabas. ¿No te acuerdas? Tú empezaste el juego. Un juego que me vuelve loca. Que me pone exactamente donde tú quieres. Vulnerable. Pasional. Con una simple palabra. "Bésame". Me estremezco de solo pensarla. Como hecho de menos esa palabra. Que te acerques lentamente. Dejando claras tus intenciones. Y cuando me tienes exactamente dónde quieres la dices. "Bésame". Y todo se detiene. Se me corta la respiración. No hay nada más. Solo tú. Y esos labios que deseo poseer. Pero me resisto. Y tú la vuelves a repetir. "Bésame". Sabes que caeré. Tarde o temprano. Empiezo a vacilar y ya no puedo más. Te beso. Como si fuese el primero. Como si fuese el último. Como si no hubiese un mañana, ni tan siquiera un después. Porque en ese momento me quieres, me necesitas, me deseas. Aquí y ahora. Y yo ya no puedo resistirme y te doy lo que quieres. Lo que quiero. Echo de menos escucharte cantar. Aunque muchas veces no te sepas una canción. Y no te importe. Tú la cantas. Porque eres así. Espontánea. Alocada. Impredecible. Valiente. Echo de menos los Buenos Días. También echo de menos las Buenas Noches. Las que se daban bien. Con amor. Con cariño. Deseando estar la una al lado de la otra para darlas en persona. Y acabando con un Te Quiero real y sincero. O con un Te Amo. Yo gano. Sí que lo echo de menos. Un Te Quiero. Un Te Quiero que salga de tus labios. Con tu voz. Y de lo más profundo de tus entrañas. Porque eso era lo que querías decir. No por monotonía. No por repetición. Sino por ti. Por tus sentimientos. Porque así lo sientes y así quieres que yo lo sepa. Echo de menos incluso tu desorden. Que dejes tus cosas en mi casa. Y me digas que después lo recoges cuando ambas sabemos que la camiseta se tirara ahí una semana... o más. Echo de menos que me invites a salir. Diría que sí sin pensármelo dos veces. Y diría que sí hoy, ahora, mañana y la semana que viene. La respuesta siempre sería que sí. Porque me estarías regalando tú tiempo. Un tiempo que jamás vuelve. Y que tú quieres aprovecharlo conmigo. ¿Cómo no querría yo corresponderte con lo mismo? Sería idiota si volviese a rechazar una invitación. Echo de menos incluso ir de compras. Horas y horas invertidas en ir de una tienda a otra mirando absolutamente cada una de las prendas y repitiendo el recorrido hasta encontrar algo que te guste. Vale. Ya sé. He exagerado un poco. Una lo ve una agonía en ese momento. Y a pesar de eso lo volvería hacer. Entraría en cada tienda. Recorrería cada centímetro solo por estar un minuto más a tu lado. Aunque tuviese que dar mi opinión sobre un vestido horroroso y hortera deseando que no te lo comprases. Echo de menos hablar. Simplemente hablar. Tirarnos en algún lado y hablar. Horas y horas de conversación. Sobre lo que sea. Historia. Filosofía. Religión. Ficción. Amor. Incluso si tengo suerte hasta de dibujos animados. Puede que me repita pero echo de menos las miradas. Esas miradas que transmitían tanto diciendo tan poco. No hacía falta que me dijeses que me querías. No hacía falta que me dijeses que me habías echado de menos. Podía verlo. Podía sentirlo. Porque era lo mismo que transmitían las mías. Echo de menos que me cojas de la mano. Ese estúpido gesto que es tan importante para mí. Que simboliza cariño, amor, unión. No es solo una costumbre o una forma de ir por la calle porque somos una pareja. Significa más. Mucho más. Echo de menos que te enrolles. Qué te vayas por las ramas. Que conviertas un corto en una película de 3 horas. Aunque ahora la que se esté enrollando demasiado sea yo. Lo siento. Echo de menos verte dormir. Que llegues a mi casa y te apoderes de mi cama. O media cama. Sigo esperando a que traigas la otra mitad. Adoro verte dormir. Pensé que con los años me cansaría pero estaba equivocada. Eres preciosa despierta y sigues siendo preciosa cuando duermes. Tu rostro es la viva imagen de la tranquilidad, de la paz. Y eso me relaja. Ojalá sintieses la misma calma cuando no duermes. Echo de menos despertarme a tu lado. Esa felicidad plena de saber que despierto junto a la persona que amo. Disfrutando del momento. Escuchando tu respiración y sabiendo que de un momento a otro despertarás y me darás los mejores buenos días del mundo. Digo mejores porque serán tuyos. Echo de menos no estar ahí ahora. Pero me he prohibido escribirte de nada triste aquí. Nada actual. Intentó recordar todo lo que quiero. Todo lo que me gusta de ti. Todo lo que haces sentir cuando estoy contigo. Todo lo que echo de menos a cada segundo que paso alejada de ti. Haciendo que el deseo de volver a verte crezca. Sin control. Que mi amor aumente. Que esté más segura de lo que quiero. Y de por lo que voy a luchar. Empiezo a sentir aquella ilusión perdida. Aquellas ganas. Aquella impaciencia. Y cada día van a más. Imaginando situaciones absurdas y de película en las que tú vienes corriendo a por mí. Besándome apasionadamente y diciéndome que sentías haberme hecho esperar tanto. Sé que da igual lo que imagine o lo que mi cabeza llena de fantasía cree. Todo eso dará igual. Si ese día llegase. Sería un millón de veces mejor. Mis nervios estarían a flor de piel. Lloraría y me volvería a temblar el mentón. Estaría plantada delante de ti esperando a que me susurrases una única palabra. Aquella que rompería todas mis barreras. Por mucho que intentase hacerme la dura. Solo diciendo la palabra mágica sería tuya. Solo tuya. "Bésame".

Cayendo

Es una mala noche. Sé que estás despierta. Y necesito que me hables pero no lo haces. Y empiezo a llorar. No puedo parar. Estoy al límite. Ya van 6 días. Y no puedo más. Necesito que vuelvas. Odio esto. Odio como me siento. Abatida. Hundida. Destrozada. Impotente. Infeliz. No existen palabras suficientes para poder expresar todo el dolor que llevo dentro. Es un abismo. Y yo estoy metida hasta el fondo. Estoy en caída libre. Cayendo cada vez más y más. Nadie puede ayudarme. Nadie puede sujetarme. Seguiré cayendo. Sálvame. Por favor.

Respira

¡Quieta! No puedes. ¡Deja las manos donde están! Así. Muy bien. Ahora ve bajándolas poco a poco. Perfecto. Ha faltado poco. Un poco más y pierdes el control. Respira. Respira hondo. Puedes superarlo. ¡Y deja de mirar su última conexión! Si ya se. Esta despierta. Sí. ¿Y? No es de tu incumbencia. Ahora se una buena chica. Suelta el móvil. Aléjate de él y vete de una vez a dormir. Mañana será otro día. O eso dicen...

martes, 31 de mayo de 2016

Felicidad sin éxito

Cualquier situación me puede. Hace que tenga un nudo en la garganta. Un dolor en el pecho. Y esas malditas ganas de echarme a llorar como si nada más importase. ¿Y qué más da? Nadie vendrá a protegerme. Nadie vendrá a salvarme. ¿Qué necesidad hay de seguir viviendo? Ya no tengo ganas de nada. ¿Tan fácil es deja de sentir ilusión? ¿Felicidad? ¿Amor propio? No se deja de querer a una persona de un día para otro pero sí que se puede abrir una brecha y dejar que todo el dolor la inunde. Que te absorba. Como si ya nada más importase. No siento nada. A veces solo un resquicio de aquella felicidad e ilusión perdida. Una curvatura de labios intentando sin éxito convertirse en sonrisa. Ya no sonrío de felicidad. No sé qué es eso. Sonrío por cortesía. Sonrío por educación. Incluso a veces casi consigo sonreír de verdad. De momento no hay éxito. Estoy rota. Y solo una persona es capaz de repararme.

Vuelve a por mi

Los perros ladran. Cada día escucho sus ladridos en algún momento del día y el corazón empieza a bombear más rápido. Pienso que eres tú. Que vienes a buscarme y me pongo nerviosa. Corro hacia la ventana. Miro esperando encontrarte. He vuelto a caer. No estás ahí. Ya no estás cuando ladran los perros. Ya no estás. Y no importa cuánto mire, ni cuantas veces mire. Ya no estás.

lunes, 30 de mayo de 2016

Demasiado tarde

La oficina esta tan vacía sin ti. Tú la llenas de vida. Tú llenas mi mundo de vida. Y aquí estoy. Tumbada en nuestra cama. Recordando la última y única vez que dormimos aquí. Fue horrible. Yo estaba enfadada porque tú no querías apagar la luz. Lo siento. Te hable mal y lo sé. Estaba cansada de trabajar. Como siempre. Y no era escusa. Lo siento. Empiezo a recordar todas las veces que me enfada por estupideces y ahora ya es tarde. No puedo volver atrás y cambiarlo. Lo siento. Siento tantas cosas. Todas las veces que te dije que no. Todas las veces que me enfade. Todas las veces que te aparte de mi lado. Lo siento tanto... Sé que si volvieses cambiaría. Sería diferente. Sería yo. Sería feliz. Sé que dije que no lo era. Estaba ciega. Porque tú me hacías feliz. Eras la única felicidad que tenía. Eras suficiente. Y jamás necesite nada más. Solo una sonrisa tuya. Un beso. Un abrazo. Una caricia. Solo te necesitaba a ti. Ahora me arrepiento de todos mis errores y solo deseo que llegue el día en el que pueda enmendarlos. Y hacerte feliz.

domingo, 29 de mayo de 2016

Buscando para encontrar.

Estoy sola en mi habitación. Escuchando una canción una y otra vez. Sé que hay canciones que son nuestras pero esta la descubrí hoy. Tener tanto tiempo libre es lo que tiene. Algo a lo largo del día acabas descubriendo. Esta me recuerda a ti. La letra. La melodía. Todo me hace querer volver a ti. Dejarlo todo e ir corriendo a pasar lo que queda de domingo contigo. Como siempre hemos hecho. Los domingos están para hacer nada y hacerlo todo a la vez. En eso tú y yo somos expertas. Me pregunto qué estarás haciendo. Me lo llevo preguntando todo el día. Y si pensaras en mí. Sobre todo eso. ¿Pensaras en mí? Sé que sí. De momento estoy segura que sí. Y de que me echas de menos. Como yo a ti. Hay demasiadas cosas que me recuerdan a ti. Y eso me hace llorar. Más de lo que quisiera. Lo siento. Intento ser fuerte. Y lo seré. Porque tú me has hecho más fuerte, más valiente, mejor. Y me he dado cuenta de algo. También tengo que encontrarme. Llevo perdida demasiado tiempo. No soy la misma de antes. ¿Eso es bueno o malo? Depende de cómo se mire. Y lo he visto. Sé que tengo que buscar a esa Rita perdida. Y la buscaré y la encontraré. Por mí. Por ti. Por nosotras. Por un nosotras.

Solo pienso en ti, princesa. Pienso siempre en ti.

Aquella noche me dormiría pensando en ella. Por norma general siempre lo hacía. Quizás con el tiempo menos. Aunque eso no quería decir que la quisiese menos. Jamás había dejado de quererla. La amaba más que a nadie en el mundo. Y ahora se había ido. Quería un tiempo. Yo iba a dárselo. Qué remedio. ¿Cómo negarme? Era su deseo y yo jamás me habría interpuesto a su decisión. Solo quedaba esperar. Dejar que los minutos, las horas, los días y quizás los meses pasasen. ¿Cómo podría soportarlo?  ¿Cómo podría si mi felicidad era ella? Definitivamente hoy pensaré en ella. En esta tarde. En los últimos besos. En las últimas caricias. En las últimas miradas. Quién sabe si serían las últimas. Quizás cuando pasase el tiempo ella ya no me desease de la misma forma que yo a ella. Pensaría en eso. ¿Y luego? Luego comenzaría el llanto.

Recuerdos dolorosos

Me había roto el corazón. Lo había estallado en mil pedazos. Ahora a cada paso que daba cada uno de aquellos pedazos me cortaba. Hacía que sangrase. Más y más. Todo me recordaba a ella. Mirase a donde mirase ahí estaba ella. Ella se había encargado de ello. Poco a poco. Una camiseta. Una foto. Incluso una brocha. En cada una de esas cosas ahí estaba. Haciéndome recordar todos aquellos momentos que ahora me hacían tanto daño. Qué hacían que me doliesen los ojos de tanto llorar.

sábado, 28 de mayo de 2016

Lágrimas conectadas.

"Espera" le grite. No podía irse. No quería que cruzase el umbral de la puerta. Si lo hacía todo cambiaría. Todo se haría real. "No te vayas" pensaba una y otra vez. Pero no podía retenerla. Ella se paró. Por su cara resbalaban lágrimas echas del mismo dolor que nos conectaba a ambas. Me puse frente a ella. Quería besarla. No podía dejar que se fuese sin volver a besarla. Quizás fuese el último y eso me partía el alma. Cogí su cara con ambas manos. Y nos miramos. Recordaría por siempre aquella mirada. Rota. Y yo no podía hacer nada. Le di un beso en la frente y volví a mirarla. Creo que leyó mi mirada. Y acerque mi boca a la suya. Presionando mis labios cada vez más los suyos. Sentía la intensidad. Sentía el amor que le quedaba dentro. Todavía me quería y podía sentirlo. No fue eterno. Por mucho que lo desease. Y nuestros labios se separaron. Debía dejarla marchar. Y la vi marchar. Mientras sentía como mi corazón se iba rompiendo cada vez más y más.

Mi hogar

Su olor se había quedado grabado en mi nariz. Con cada inspiración estaba ella. Mi piel aún conservaba su olor. Y mi ropa. Incluso mi pelo. Olía a ella. Era un olor tan familiar. Me invitaba a volver. A regresar a casa. Ella había sido siempre mi hogar. Ella era mi hogar. Y lo seguiría siendo. No importaba que pasase. Lo duro que fuese. Tenía que soportarlo. Tenía que ser fuerte. Positiva. Valiente. Tenía que serlo. Ella podría volver. Y yo la estaría esperando.

viernes, 27 de mayo de 2016

Felicidad perdida

​Siento como se me inundan los ojos. Lucho por contener el océano que empieza a formarse. Sé que si derramó la primera lágrima jamás podré volver a parar. Y ese en ese momento cuando escuchas la palabra AMIGA en el que el mundo deja de existir. Desaparece. Solo estás tú y ese dolor en el pecho. Sientes como el ultimo ápice de felicidad que te sujetaba al mundo va saliendo de ti. Desapareciendo. Dejando un inmenso vacío. Ya no hay nada. Ya no te queda nada. Solo el dolor y esa estúpida conciencia tuya diciendo que has destruido lo único bueno que tenía tu miserable existencia. Nada tendrá sentido ahora. Ya nada lo tiene. Ella le daba el sentido a mi vida. Era mi felicidad. Mi mundo. Ahora que ya no está, estaré perdida.