Algo vibró a lo lejos. ¿Hora de levantarse? No. Todavía no. Me negaba a abrir los ojos. Era muy temprano. Seguro. No iba a moverme del sitio. Hasta que recordé donde estaba. Recordé aquella noche. Todos los besos. Todas las caricias. Todo. Escuche como ella apagaba la alarma. Y me giré. Veía algo borroso pero lo suficiente. Lo suficiente como para sonreír y disfrutar de la vista. Ahí estaba. Medio dormida y preciosa. "Buenos días" susurré. "Buenos días" contestó ella. ¿Como se podía estar tan guapa al despertar? Estaba preciosa. Adorable y dulce. E increíblemente sexy con solo una sabana por encima. Ella me sonrió. Volvía ha hacer su magia. Y no pude resistirme. Acerque mi cara a la suya y la besé. Era el secreto de los buenos días. Una mirada. Un par de palabras. Y un beso. No hacía falta más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario