No podía parar. Mi mente no dejaba de llevarme a aquel momento una y otra vez. Haciéndome recordar cada beso, cada caricia, cada respiración agitada. Incluso cada risa. Momentos únicos. Nuestros. Recordaba sus ojos. Oscuros. Intensos. Que me desnudaban sin tocarme. Recordaba sus manos. Inexpertas. Dejando oleadas de calor con cara caricia. También recordaba sus besos. Cada vez más exigentes. Dejando una cálida sensación. La de no querer estar en ninguna otra parte del mundo. Solo ahí. Solo con ella.
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