lunes, 24 de octubre de 2016

Después de la tormenta viene la calma

Me giré. Dándole la espalda. Cogí su brazo y tiré de ella hacia mí. Acomodando mi cuerpo al suyo. Podía sentir su respiración. El calor de su piel contra la mía. Inspiré hondo y me relajé. Deseé que aquel momento no acabase nunca. Sólo había tranquilidad. Sólo paz. Ella conseguía eso. La única. Quería seguir disfrutando del momento. No puede. Me sentía cansada. Muy cansada. Los ojos me pesaban. Mucho. Y me dejé llevar. Abrazadas. Sintiéndome feliz. Protegida. A salvo.

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