martes, 31 de mayo de 2016

Felicidad sin éxito

Cualquier situación me puede. Hace que tenga un nudo en la garganta. Un dolor en el pecho. Y esas malditas ganas de echarme a llorar como si nada más importase. ¿Y qué más da? Nadie vendrá a protegerme. Nadie vendrá a salvarme. ¿Qué necesidad hay de seguir viviendo? Ya no tengo ganas de nada. ¿Tan fácil es deja de sentir ilusión? ¿Felicidad? ¿Amor propio? No se deja de querer a una persona de un día para otro pero sí que se puede abrir una brecha y dejar que todo el dolor la inunde. Que te absorba. Como si ya nada más importase. No siento nada. A veces solo un resquicio de aquella felicidad e ilusión perdida. Una curvatura de labios intentando sin éxito convertirse en sonrisa. Ya no sonrío de felicidad. No sé qué es eso. Sonrío por cortesía. Sonrío por educación. Incluso a veces casi consigo sonreír de verdad. De momento no hay éxito. Estoy rota. Y solo una persona es capaz de repararme.

Vuelve a por mi

Los perros ladran. Cada día escucho sus ladridos en algún momento del día y el corazón empieza a bombear más rápido. Pienso que eres tú. Que vienes a buscarme y me pongo nerviosa. Corro hacia la ventana. Miro esperando encontrarte. He vuelto a caer. No estás ahí. Ya no estás cuando ladran los perros. Ya no estás. Y no importa cuánto mire, ni cuantas veces mire. Ya no estás.

lunes, 30 de mayo de 2016

Demasiado tarde

La oficina esta tan vacía sin ti. Tú la llenas de vida. Tú llenas mi mundo de vida. Y aquí estoy. Tumbada en nuestra cama. Recordando la última y única vez que dormimos aquí. Fue horrible. Yo estaba enfadada porque tú no querías apagar la luz. Lo siento. Te hable mal y lo sé. Estaba cansada de trabajar. Como siempre. Y no era escusa. Lo siento. Empiezo a recordar todas las veces que me enfada por estupideces y ahora ya es tarde. No puedo volver atrás y cambiarlo. Lo siento. Siento tantas cosas. Todas las veces que te dije que no. Todas las veces que me enfade. Todas las veces que te aparte de mi lado. Lo siento tanto... Sé que si volvieses cambiaría. Sería diferente. Sería yo. Sería feliz. Sé que dije que no lo era. Estaba ciega. Porque tú me hacías feliz. Eras la única felicidad que tenía. Eras suficiente. Y jamás necesite nada más. Solo una sonrisa tuya. Un beso. Un abrazo. Una caricia. Solo te necesitaba a ti. Ahora me arrepiento de todos mis errores y solo deseo que llegue el día en el que pueda enmendarlos. Y hacerte feliz.

domingo, 29 de mayo de 2016

Buscando para encontrar.

Estoy sola en mi habitación. Escuchando una canción una y otra vez. Sé que hay canciones que son nuestras pero esta la descubrí hoy. Tener tanto tiempo libre es lo que tiene. Algo a lo largo del día acabas descubriendo. Esta me recuerda a ti. La letra. La melodía. Todo me hace querer volver a ti. Dejarlo todo e ir corriendo a pasar lo que queda de domingo contigo. Como siempre hemos hecho. Los domingos están para hacer nada y hacerlo todo a la vez. En eso tú y yo somos expertas. Me pregunto qué estarás haciendo. Me lo llevo preguntando todo el día. Y si pensaras en mí. Sobre todo eso. ¿Pensaras en mí? Sé que sí. De momento estoy segura que sí. Y de que me echas de menos. Como yo a ti. Hay demasiadas cosas que me recuerdan a ti. Y eso me hace llorar. Más de lo que quisiera. Lo siento. Intento ser fuerte. Y lo seré. Porque tú me has hecho más fuerte, más valiente, mejor. Y me he dado cuenta de algo. También tengo que encontrarme. Llevo perdida demasiado tiempo. No soy la misma de antes. ¿Eso es bueno o malo? Depende de cómo se mire. Y lo he visto. Sé que tengo que buscar a esa Rita perdida. Y la buscaré y la encontraré. Por mí. Por ti. Por nosotras. Por un nosotras.

Solo pienso en ti, princesa. Pienso siempre en ti.

Aquella noche me dormiría pensando en ella. Por norma general siempre lo hacía. Quizás con el tiempo menos. Aunque eso no quería decir que la quisiese menos. Jamás había dejado de quererla. La amaba más que a nadie en el mundo. Y ahora se había ido. Quería un tiempo. Yo iba a dárselo. Qué remedio. ¿Cómo negarme? Era su deseo y yo jamás me habría interpuesto a su decisión. Solo quedaba esperar. Dejar que los minutos, las horas, los días y quizás los meses pasasen. ¿Cómo podría soportarlo?  ¿Cómo podría si mi felicidad era ella? Definitivamente hoy pensaré en ella. En esta tarde. En los últimos besos. En las últimas caricias. En las últimas miradas. Quién sabe si serían las últimas. Quizás cuando pasase el tiempo ella ya no me desease de la misma forma que yo a ella. Pensaría en eso. ¿Y luego? Luego comenzaría el llanto.

Recuerdos dolorosos

Me había roto el corazón. Lo había estallado en mil pedazos. Ahora a cada paso que daba cada uno de aquellos pedazos me cortaba. Hacía que sangrase. Más y más. Todo me recordaba a ella. Mirase a donde mirase ahí estaba ella. Ella se había encargado de ello. Poco a poco. Una camiseta. Una foto. Incluso una brocha. En cada una de esas cosas ahí estaba. Haciéndome recordar todos aquellos momentos que ahora me hacían tanto daño. Qué hacían que me doliesen los ojos de tanto llorar.

sábado, 28 de mayo de 2016

Lágrimas conectadas.

"Espera" le grite. No podía irse. No quería que cruzase el umbral de la puerta. Si lo hacía todo cambiaría. Todo se haría real. "No te vayas" pensaba una y otra vez. Pero no podía retenerla. Ella se paró. Por su cara resbalaban lágrimas echas del mismo dolor que nos conectaba a ambas. Me puse frente a ella. Quería besarla. No podía dejar que se fuese sin volver a besarla. Quizás fuese el último y eso me partía el alma. Cogí su cara con ambas manos. Y nos miramos. Recordaría por siempre aquella mirada. Rota. Y yo no podía hacer nada. Le di un beso en la frente y volví a mirarla. Creo que leyó mi mirada. Y acerque mi boca a la suya. Presionando mis labios cada vez más los suyos. Sentía la intensidad. Sentía el amor que le quedaba dentro. Todavía me quería y podía sentirlo. No fue eterno. Por mucho que lo desease. Y nuestros labios se separaron. Debía dejarla marchar. Y la vi marchar. Mientras sentía como mi corazón se iba rompiendo cada vez más y más.

Mi hogar

Su olor se había quedado grabado en mi nariz. Con cada inspiración estaba ella. Mi piel aún conservaba su olor. Y mi ropa. Incluso mi pelo. Olía a ella. Era un olor tan familiar. Me invitaba a volver. A regresar a casa. Ella había sido siempre mi hogar. Ella era mi hogar. Y lo seguiría siendo. No importaba que pasase. Lo duro que fuese. Tenía que soportarlo. Tenía que ser fuerte. Positiva. Valiente. Tenía que serlo. Ella podría volver. Y yo la estaría esperando.

viernes, 27 de mayo de 2016

Felicidad perdida

​Siento como se me inundan los ojos. Lucho por contener el océano que empieza a formarse. Sé que si derramó la primera lágrima jamás podré volver a parar. Y ese en ese momento cuando escuchas la palabra AMIGA en el que el mundo deja de existir. Desaparece. Solo estás tú y ese dolor en el pecho. Sientes como el ultimo ápice de felicidad que te sujetaba al mundo va saliendo de ti. Desapareciendo. Dejando un inmenso vacío. Ya no hay nada. Ya no te queda nada. Solo el dolor y esa estúpida conciencia tuya diciendo que has destruido lo único bueno que tenía tu miserable existencia. Nada tendrá sentido ahora. Ya nada lo tiene. Ella le daba el sentido a mi vida. Era mi felicidad. Mi mundo. Ahora que ya no está, estaré perdida.