La escuche trastear en la cocina. Me removí entre las sábanas. Semidesnuda. ¿Ya era hora de levantarse? La noche había pasado demasiado rápido. Como siempre. No dormía demasiado. Prefería estar despierta. El sonido de unas tazas me hizo despertarme. Lentamente. Me incorporé, frotándome los ojos. Intentando que se acostumbraran a la penumbra. Localice mis pantalones y me los puse haciendo malabarismos para no caerme. Bostece por enésima vez y me encaminé hacia la cocina. Y ahí estaba. Recién duchada y preciosa. Me acerqué a ella y la bese. Aquel gesto, aquel momento, me resultaba cotidiano. Como si lo llevase haciendo mucho, mucho más tiempo. ¿Que tenía aquella chica que hacía que todo me resultase tan natural? Magia. Supongo.
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