jueves, 30 de junio de 2016

Las palabras no bastan

¿Qué tengo que hacer? ¡Dímelo! No lo sabes... Yo tampoco. A veces me siento perdida. Solo intento que vuelvas. A mi manera. No sé qué debería hacer. No creo que las palabras valgan la pena. No creo que sirvan para hacerte volver. No sé si leer recuerdos, momentos o frases pueden avivar los sentimientos. No creo que aviven el deseo, la pasión, el amor. Una parte de mi quiere creer que sí. Que puede que ayuden. Por eso siguen saliendo. Expresando el sentimiento tan fuerte que sigue estancado en mi interior. Que no va a moverse. Que seguirá ahí. Hasta que el ultimo ápice de esperanza se esfume. No valen las palabras. No existen negociaciones. No se moverá. Porque cree en esto. Cree en ti. Siempre lo ha hecho. Por eso se niega a moverse. Sin importar las lágrimas. Los momentos de debilidad. La rabia temporal. Nada importa. Solo este sentimiento. Este amor tan profundo que jamás había sentido y que jamás había recibido. ¿Cómo olvidar? Es absurdo. Hay esperanza. Quizás sea una remota posibilidad pero... ¿Y si al final del camino estas tú? Tengo que seguir caminando. Tengo que seguir en pie. Esperando que el camino sea corto. Esperando que en cualquier momento aparezcas y yo me queje de lo mucho que has tardado. Como siempre. Esperando con una ilusión a veces estúpida e incontrolable. Esperando. 

La Risa

Es cierto cuando dicen que la risa es la mejor medicina. Una gran verdad. Reírse es bueno. Muy bueno. Te relaja. Liberas tensiones. Lo difícil es encontrar a las personas adecuadas que te provoquen carcajadas puras, a pleno pulmón. Dejándote sin aliento. Haciendo que te olvides de todo. Centrándote solo en ese momento. En el sonido de una risa que lo envuelve todo.

miércoles, 29 de junio de 2016

Lo que realmente cuenta

Aun podía recordar el dulce sabor de tus labios sobre los míos o el sonido de tu risa cuando mi niña interna salía a la luz. Podía recordar cómo si fuese ayer tu cara de niña pequeña cuando intentabas salirte con la tuya. Eliminando cualquier rastro de madurez. Vulnerable. Alegre. Feliz. Recordaba el tacto de tus manos. Rodeando mi cara o entrelazándose en mi pelo. También podía recordar el silencio. Un silencio acogedor. Un silencio donde nuestras miradas hablaban por sí solas. Donde las palabras no hacían falta. Recuerdo los nervios. Las mariposas. Creando un ejercito imparable. Sin importar el motivo. Sin razón. Una sonrisa tuya. Un leve roce. Un beso. Un guiño un ojos, de esa forma tan especial que solo tú sabes. Y ya me tenías ganada. En la palma de tu mano. Recuerdo la calma de tus brazos en los días malos. Mi refugio. Mi hogar. A veces incluso sigue resonando en mi cabeza tus quejas constantes. Una y otra vez repitiéndome que yo no tenía una cama, sino media cama. Lo curioso era lo mucho que dormías para ser solo la mitad. En aquellos momentos no parecía importarte mucho donde había guardado la otra mitad. Por desgracia para ti, seguiría siendo un misterio. Recuerdo las horas al sol y las conversaciones interminables. Cada día podía irme a dormir sabiendo que había aprendido algo nuevo. Tenías la capacidad de sorprenderme. Cualquier pequeño detalle que viniese de ti me parecía perfecto. Y eso era lo que siempre nos había importado. Los pequeños detalles. Aquellas pequeñas cosas que sacaban lo mejor de nosotras con muy poco. Acercándonos cada vez más, sin importar nada más. Al fin y al cabo, eso es lo que cuenta. Los pequeños detalles. ¿Verdad?

martes, 28 de junio de 2016

Proyecciones al pasado

¿En qué momento pensé que esto sería una buena idea? ¿Soy masoca? ¿Me gusta influirme dolor a propósito? No. ¡Claro que no! Solo soy imbécil. Así de sencillo. Años queriendo reorganizar mi ordenador portátil y he decidido hacerlo ahora. En el mejor momento. Me aplaudo. Soy un genio. Una gran idea. Repasar cada momento. Cada instante a tu lado. Todas esas miles de fotos y vídeos donde se puede palpar el amor, la felicidad, el cariño. Casi puedo escuchar tu risa o tus tonterías. Casi puedo sentir tu amor. Casi. Cada foto me devuelve al pasado. Haciéndome recordar. Haciéndome reír y llorar al mismo tiempo. No puede ser. No lo acepto. Sigo sin poder asimilarlo. Parece un sueño. Te quiero. Me quieres. Es sencillo. Es suficiente. ¿No? No soy la misma. No me siento la misma y no volveré a serlo. Me gusta la persona en la que me estoy convirtiendo. Me gusta mucho. Me estaba perdiendo y me estoy encontrando. Ahora encuéntrate y vuelve.

Trazos insaciables

Y de repente las palabras vuelven a mí. Envolviéndome. Emitiendo esa urgente necesidad de expresar lo que siento. ¿Por qué ahora? ¿Por qué no hace 5 meses o un año cuando ella me rogaba que escribiese como antes? ¿Cómo voy a saber la respuesta? No puedo obligarme a escribir. Ella lo sabe. Era insaciable. La inspiración viene cuando lo desea. Sin preguntar. Cuando los sentimientos son tan fuertes que ya eres incapaz de contenerlos en un mero recipiente. Necesitan salir. Ser oídos. Necesitan volar. Y aquí estoy. Dejando que vuelen. Una y ya vez. Sin control. No puedo pararlo. Tampoco quiero. Está soy yo. Mis manos escribiendo lo que mí corazón anhela. Conectados. La tinta de mis sentimientos. Trazo a trazo. Palabra a palabra. Escribiendo por ella. Mi musa. Mi amor. Desde el primer momento. Ella y solo ella.

sábado, 25 de junio de 2016

Sueños familiares.

Pequeños haces de luz iluminaban poco a poco la instancia. ¿Dónde estaba? ¿Qué me había despertado? "Buenos días amor" susurró una voz a mis espaldas. Unas suaves manos rodearon mi cuerpo, atrayéndome. Sonreí levemente. Aún seguía medio dormida. O... puede que esto fuese solo un sueño. En cualquier caso me sentía en paz. Sabía dónde estaba. Estaba en la misma cama con la mujer de mi vida. Mi musa. Sus manos acariciaban mi cuerpo. ¿Podía seguir haciéndome la dormida un poco más? Creo que sí. Siempre lo hacía. Con cada caricia, mi cuerpo se estremecía un poco. Ella sabía que yo no estaba dormida. "Date la vuelta" susurró la misma voz. "No" Se quejó caprichosamente mi voz interna. Quería seguir así. Abrazada a ella. Disfrutando del momento. "Date la vuelta" volvió a susurrar la voz, aunque esta vez con más insistencia. Sabía lo que quería. La conocía muy bien. ¿Me rendiría fácilmente a sus encantos, cualidad innata en mí, o por el contrario seguiría haciéndome de rogar? Difícil decisión. "Bésame". La voz salió de su garganta como un hechizo. Era magia. Sentía como aquellas simple palabra penetraba en mí. Creando un efecto instantáneo. Suspiré y me giré lentamente. Nuestras caras quedaron una frente a la otra. Nuestros ojos conectaron y salto la chispa. Aquella palabra aun resonaba en mi cabeza. No podía resistirme. Toda ella me llamaba. Me invitaba a besarla, a tocarla. La rodeé con los brazos sin dejar por un solo segundo de mirarla. Estaba hechizada. Era preciosa. Jamás había visto algo tan hermoso en toda mi vida. Y me rendí. Acerque mis labios a los suyos y la besé. La besé con dulzura, con pasión. Disfrutando de sus labios, tan vivos, tan perfectos. De sus manos recorriendo cada milímetro de mi cuerpo. Estremeciéndome de placer. Escuchaba su respiración, acelerada, tanto como la mía. Mis manos recorrieron su espalda, bajando poco a poco. Me sentía insaciable. Necesitaba recorrer todo su cuerpo. Y se pararon en su precioso culo, atrayéndolo más hacia mi cuerpo. La quería más cerca. El calor era abrasador. Un fuego incontrolable. Estábamos en un punto sin retorno. Perdidas. La una en la otra. Ardiendo. Llenas de deseo. Llenas de vida. Jugando, una vez más, con fuego.

jueves, 23 de junio de 2016

Deseos transparentes.

No me sentía la misma persona. La que tenía una obsesión con el tiempo. La que tenía ataques de ira. O la que tenía un inmenso dolor dentro. Un vacío abismal. Era como si esa carga negativa que llevaba acumulada desde hacía tanto se empezase a disipar. Liberándome. Haciéndome sentir más ligera. Dejándome ser yo misma. Podía afirmar que me sentía bien. Aunque me seguía faltando algo. Ella. La echaba de menos. Deseaba hablar con ella. Deseaba hacerla reír. Disfrutando del sonido de su risa. Deseaba invitarla a cenar y luego colarnos en un parque en medio de la noche. Deseaba hacer locuras con ella. Perdernos. Deseaba escuchar su voz de dormida por las mañanas. Y ver esa carita que pone, tan dulce, tan preciosa que te dan ganas de cogerla y darle un enorme surtido de besos. Deseaba sucumbir a su deseo cuando me susurraba "¿Me haces unas cosquis por la espalda?". ¡Sí! ¡Sí! Una y mil veces si. Deseaba secuestrarla, en el buen sentido, y llevármela a ninguna parte y a todas a la vez. Descubriendo lugares que jamás hayamos visto antes. Incluso sonreía al pensar en la posibilidad de bailar una vez mas con ella una noche de sábado. Dejando que ella me guiase como siempre había hecho. Deseaba entrelazar mis dedos con los suyos, acercarme a su oído y empezar a cantar. Haciendo algo que jamás había hecho. Solo el sonido de mi voz. Quiero ser valiente. Valiente para hacer las cosas que jamás hago por miedo. Porque ella me ha enseñado a ser valiente. A ser decidida. A decir las cosas que pienso. Ella me ha enseñado a amar. A que sonría como una idiota cuando me llama, cuando la veo o cuando me manda un mensaje. Simplemente sonreír porque es ella. A sentir un ejército de mariposas cuando se acerca o sonríe. A que me tiemble hasta el mentón cuando me besa. A acelerar mis pulsaciones cuando me toca. A olvidarme del mundo entero cuando me dice "Te Quiero" y derribando todas y cada una de mis barreras cuando me susurra "Bésame". Haciendo que el amor sea sencillo. Haciendo que sea único.

sábado, 18 de junio de 2016

Sentimientos Inevitables

A pesar de la adversidad, sonrío. Sonrío al pensar en ti. Mis labios se curvan formando esa sonrisa tan especial. Tan tuya. Porque solo me sale contigo. Puedo sentirla. Y me gusta. Hace que sonría más todavía. Como una idiota. Al recordarte. Momentos juntas. Palabras. Frases. Besos. Todo eso me hace sonreír. Me hace querer más. Me hace estar nerviosa. Nerviosa por la posibilidad de verte en cualquier momento. Sin planearlo. Sin esperarlo. Solo verte. Sentir cómo se me corta la respiración. Como mi corazón empieza a latir cada vez más rápido. Como se me seca la boca ante la posibilidad de tenerte cerca. Como me tiembla el mentón sin poder controlarlo. Sintiendo como cada milímetro de mi piel se calienta. Un calor agradable. Familiar. Que incrementa mi deseo. Mis ganas de jugar con fuego. De acercarte a mí. Piel con piel. Mirarte directamente a los ojos. Retándote. Y acabar haciendo lo inevitable. Rendirme. Rendirme a ti. Pegando mis labios a los tuyos. Besarte como si no hubiese un mañana. Olvidándonos del mundo. Solas tú y yo.

jueves, 16 de junio de 2016

This is me.

La felicidad no depende de una persona. No depende de nadie. Depende de uno mismo. Creo que empiezo a entenderlo. Poco a poco. Paso a paso. Roma no se construyó en un día. Y yo tampoco. He ido cambiando. Cometiendo errores. Aprendiendo de ellos. He progresado. No soy aquella persona de hace 6 años que estaba perdida ante una gran ciudad. O la que fue a su primer concierto con la cara pintada. No soy la misma que se enamoró locamente de una rubia maravillosa una tarde de verano. Ni la que recuerda su primer beso como si fuese ayer. Ni tan siquiera soy la misma persona a la que le destrozo el corazón su primer amor adolescente. Soy un cumulo de historias, de experiencias. Soy todo eso y más. Esa soy yo. La que llora por cualquier tontería. La que disfruta viendo llover. A la que le encantan los grandes abrazos. O la que no es capaz de dormir si un "Buenas noches" y adora los "Buenos días". La persona que incluso con los detalles más insignificantes, sonríe. Y no una sonrisa cualquiera. Sino una sonrisa de verdad. Pura. De esas que son de oreja a oreja y que marcan sus tres hoyuelos. La que siempre, siempre ve el vaso medio lleno. Incluso aunque solo quede una gota. No importa. Esa soy yo. Alegre. Apasionada. Luchadora. Romántica. Dulce. Y con un toque alocado. Es mi esencia. Mi felicidad. Todo está en mi interior. Y estoy preparada. ¿Preparada para qué? Para que todo vuelva a brillar. Preparada para ser feliz.

La esencia perdida

Incontinencia verbal. Las palabras fluían sin descanso. Era asombroso. ¿De dónde salía aquella facilidad? Ella lo llamó amistad. Suena bien. Amistad. No es fácil encontrar personas que merezcan la pena. Podía contarlas con los dedos de una mano. Aunque desde hace un tiempo quizás necesite la otra mano. He conocido personas que se preocupan por mí. Que les importo. Puede que esa idea me asuste un poco. Quizás por la falta de práctica. Quizás por miedos pasados. Sienta bien. Poder contar con personas. Confiar. Aunque eso me suponga un mundo. ¿Podré hacerlo? ¿Confiar? Lo intento. Me estoy esforzando. Destruyendo poco a poco mi coraza. Me hacía sentir bien. El ejemplo estaba ahí. En mi risa. No recordaba la última vez que me había reído así. Con tantas ganas. Estaba feliz. Había aparcado ese frío que llevaba conmigo y estaba siendo yo. Y aquella persona era la causante de evadirme de mis problemas. Mi duelo. Toda la ira. Todo el dolor y el odio acumulado. Sentía como se disipaba con cada carcajada. Y cada una de aquellas maravillosas carcajadas me acercaba a mi esencia, alejándome de la persona en la que me había convertido. Y la que no volvería a ser. Nunca.

martes, 14 de junio de 2016

Nada

¿Cuándo te has vuelto tan fría? Tan distante. ¿Ha sido para ti un alivio? ¿Como quitarte un peso de encima? Eso empiezo a pensar. Que todo es más fácil para ti ahora. Ahora que yo estoy lejos. No tienes "obligaciones". De hablarme. De quedar conmigo. De ser cariñosa. ¿Fingías? Necesito saberlo. El silencio me está matando. Es ensordecedor. Odio quedarme a solas con mis pensamientos. Apareces una y otra vez. Las últimas conversaciones sin vida. Conversaciones carentes de sentimiento. Vacías. Inútiles. Las últimas veces que te vi. Distante. Fría. ¿Y ese cambio tan brusco? ¿Estás actuando? ¿Está eres tú ahora? No puede ser. No me lo puedo creer. Tú no eres así. Es como si yo ya no te importase. Como si hubiese dejado de existir. O peor. Como si nunca hubiese existido.

sábado, 11 de junio de 2016

Atracción Arriesgada

Sabía que había escogido a la chica más complicada de todas. Me iban los retos. Y ella lo era. Ella no era una persona corriente. Era especial. Única. Lo sabía desde hacía mucho. Desde la primera vez que fuimos juntas a la playa. Quizás porque no me molestaba que hablase por los codos. Era raro. Muy raro porque siempre he odiado a las personas que hablan mucho. Y ella era de las que no se callaban ni debajo del agua. Entonces... ¿Por qué ella era diferente? ¿Que tenia de especial? No lo sé. Tenía algo. Lo presentía. Algo que me empujaba a ella. ¿Que era? No fue algo que descubrí de inmediato. No se conoce a una persona y de repente lo sabes absolutamente todo. Lleva tiempo. Esfuerzo. Paciencia. Dedicación. Y algo más. Atracción. Esa atracción que te empuja hacia una persona. A querer saberlo todo sobre ella. Una curiosidad insaciable que te devora por dentro. No pude evitarlo. Ni tan siquiera creo que lo viese venir. Cuanto más la miraba, cuanto más la escuchaba más me atraía. Era tan espontánea, tan alegre, tan impredecible. Tenía tantas historias, tantas experiencias que me parecía casi improbable que alguien de tan solo 20 años pudiese tener todo eso a sus espaldas. Era fascinante. Y yo no podía parar. Ya no había vuelta atrás. Me gustaba y quería gustarle. ¿Sería posible que yo le gustase? ¿Era posible que yo pudiese llegar a gustarle a alguien? Lo veía tan complicado. Tan difícil que una chica como ella se pudiese fijar en alguien como yo. Era mejor darlo por perdido. Podría tenerla de amiga. Sería más fácil. Pero no. Esa no era yo. Cuando quería algo, cuando deseaba algo, luchaba. No me rendiría sin intentarlo. Así que lo intentaría. No sabía por qué. Puede que fuese puro masoquismo. Puede que me gustase que me hiciesen daño y fracasar. Pero... ¿Y si arriesgando conseguía obtener los años más felices de mi vida? ¿Y si ella acabase loca por mí y fuese mutuo? ¿Y si fuese el amor de mi vida? Tenía que hacerlo. Tenía que arriesgarme. Y lo hice.

viernes, 10 de junio de 2016

¿Destino o casualidad?

Mis planes se habían disipado. Tenía un plan. Un buen plan. Sería como la primera vez. Dos chicas en una playa. Una de ellas hablaría sin parar y la otra estaría tan nerviosa que solo podría mirarla y escuchar. Era un bien plan pero se había esfumado con un simple "Trabajo". Menuda novedad. Estaba preparada para esa contestación. Supongo. Resignada seguí mi camino. ¿Qué podía hacer yo? Nada. Estaba atada de pies y manos. No en el sentido literal pero así me sentía. Dejaba que los acontecimientos siguiesen su curso. Sin forzarlos. Las cosas ocurrían por una razón. O eso me llevaba diciendo a mí misma las últimas dos semanas. Todo esto debía de tener una razón. Aunque en aquel momento no supiese exactamente cuál era. No importaba. Debía seguir. Pero el destino es caprichoso. Y es en ese momento en el que piensas que las cosas ocurren por alguna razón. Que parece que tienen un motivo. Como hacer una simple pregunta y tener como consecuencia salir antes del trabajo. Como tener el valor de enviarle un mensaje a una persona concreta. O acabar en un supermercado cerca de la playa. O incluso ver una llamada inesperada. Todo ese cumulo de causalidades llevan a algo. Si alguna de esas cosas hubiese cambiado, todo habría sido diferente. Pero no. Fueron así porque tenían que ser así. Ocurrieron por una razón. O eso quiero pensar. Que aquellas dos chicas no acabaron sentadas en un chiringuito de playa por casualidad. Tenían que estar ahí. Volviendo al principio. Volviendo a una playa. Y había cosas que no cambiaban. Una seguía hablando sin parar. La otra escuchaba. Paciente. Esperando que en cualquier momento la mirase como si nada hubiese cambiado. Como si las dos siguiesen locas la una por la otra.

jueves, 9 de junio de 2016

Siguen apareciendo recuerdos. Son como pequeños flashes que me devuelven al pasado. Que me recuerdan cada uno de mis errores. Cada fallo. Cada NO resuena en mi cabeza. Se clava en mí. Hundiéndome. Haciendo que el dolor se intensifique. Que la culpa haga acto de presencia. Que me aplaste contra el suelo. No... No... No... No... ¡BASTA! ¡BASTA BASTA BASTA! Por favor… Siento la presión en el pecho. Me está matando. Los recuerdos me atormentan. ¿Por qué lo hice? ¿Por qué? Es culpa mía. Lo es. Lo sé. Y cada día me lo recuerdo. Cada día arrastro esa pesada carga. De un lado a otro. No me deja. Me está asfixiando. Me ahogo. Ya no puedo arreglarlo. Y quizás ya nunca pueda.

lunes, 6 de junio de 2016

Volviendo al comienzo

Era como volver a empezar. Volver al inicio. A donde comenzó todo. Con una diferencia. Con una insignificante diferencia. Ahora eramos dos personas con un enorme pasado. Un pasado juntas. Que han roto. Que están dolidas. Perdidas. Y que no quieren alejarse. Por eso a veces se mensajean y quedan. Nadie sabe si eso será bueno. Y no se sabe. Lo único que queda es esperanza. Seguir en pie. Seguir. Ahora es como al principio. Siento nervios. Dudas. ¿Le hablo o no le hablo? ¿Si lo hago será muy pronto? Mejor no. No quiero agobiarla. Entonces espero. Un día. Dos. No puedo más. No quiero ser cobarde. Y lo hago. Le mando un mensaje. La respuesta es casi instantánea. ¿Estaría pensando en mi? ¿Estaría deseando que le hablase? Entonces me hago de rogar. Así comenzó la primera vez. No quería parecer impaciente, ansiosa. No quería que notase lo mucho que la echaba de menos. Por eso esperaba. Volvería a empezar si hacia falta. Incluso de 0 si era necesario. Ya lo estaba haciendo. Con todos los nervios. Todas las dudas. Todas las ganas. Todo. Todo de nuevo. Puedo hacerlo. Sé que puedo. Y voy a luchar. No me rendiré. Nunca.

jueves, 2 de junio de 2016

Sueños rotos.

Lo has destruido. Todo. Me has llenado de heridas y sangro. Sangro por cada una de ellas. Escuecen. Es culpa tuya. Tu has creado el dolor. Tu lo has puesto ahí. Y estas dejando que me consuma. Que me mate lentamente. Que se apodere de cada parte de mi. ¿Esa fue tu solución? Poner una pausa. Una pausa eterna. Arrancando cada recuerdo. Rompiendo cada beso. Destrozando cada resquicio de felicidad. ¿Esa era tu solución? ¡Contesta! Te aplaudo. Fue una gran solución. Para ti. Para quien se va. Para quien se ha rendido. Egoísta. Escogiste la vía fácil. Escogiste. No me diste a elegir. No pude elegir. Yo no escogí el dolor. Yo no escogí la soledad. Yo no escogí el vacío. No pude elegir. Tuve que verte marchar. Tuve que ver como destrozabas una vida. Nuestra vida. Me siento como un perro. Esperando y esperando. Una espera eterna. Dolorosa. ¿Es mas fácil para ti ahora? ¿Te has quitado un peso de encima? ¿Eres feliz o dejaste tu felicidad cuando abandonaste el barco? Cuando abandonaste todos los sueños. Todos los planes. Todo un futuro. Quizás algún día despiertes y te des cuenta de tu error. ¿Que pasará entonces? Que quizás yo ya no siga esperando. Y me habrás perdido.

Odio interno

Estoy enfadada. Quiero gritar. Quiero huir. Quiero irme lejos. Olvidarme de todo y empezar de nuevo. Quiero alejarme del dolor. Dolor que aparece a cada paso que doy. ¿Sabes lo que es eso? ¿Sabes lo que duele? Cada paso duele. Es horrible. Como si me clavase mil agujas. ¿Sabes por qué? Porque cada paso que doy me recuerda a ti. Tú has pisado donde yo piso. Tú has tocado donde yo toco. Tú has dormido donde yo duermo. Estás en todas partes. Estás en mí. Y duele. Y no puedo alejarte. No soy capaz. Estás ahí. Las 24 horas del día. Todos y cada uno de los días. ¿Qué hice mal? ¿Tan difícil era tenerme cerca? ¿Tan difícil era quererme? ¿Acaso yo te exigía tanto? No lo entiendo. Lo intento. Constantemente pero no lo entiendo. ¿Qué tenía que ver yo con todo? ¿Por qué tuviste que alejarme a mí? Era más fácil alejarme que luchar. Escogiste la vía fácil. Te escogiste a ti. Y me dejaste a mí.

miércoles, 1 de junio de 2016

Frío

 Frío. Hace frío. ¿Cómo es posible? Puedo ver el sol encima de mi cabeza. Brillando. Es inevitable. Tengo frío. Siento el calor pero está muy lejos. Como si no llegase a reflejar en mí. Como si yo tuviese una barrera invisible haciendo que el calor no pudiese penetrar. Ahora me doy cuenta. Soy yo. El problema lo tengo yo. No hace frío pero yo lo tengo. Desde que te fuiste. Estoy helada. Soy incapaz de quitármelo de encima. No importa las capas de ropa que me ponga. Está ahí. Haciéndome estremecer. Te llevaste el calor. Todo. Y a mí ya no me queda nada. ¿Recuerdas la vez que me dijiste que yo era como mi propio sol? Lo era. Pero solo porque tú estabas a mi lado. Tenías la capacidad de hacerme brillar. Ahora estoy apagada. Como si tú hubieses apretado el botón de off. Desconectándome. Sin vida. Sin calor. Solo frío.

Te echo de menos

 

Echo de menos tu voz. Alegre. Cantarina. Dándome los buenos días o contándome tus historias. Echo de menos tu risa. Ese sonido que acelera mi corazón. Música para mis oídos. Echo de menos tu olor. Ese olor que para mí solo significa hogar. Un lugar donde siempre puedo volver. Donde estoy protegida, segura y a salvo. Un olor que miles de veces se me ha quedado prendado en la ropa o en la piel después de un abrazo, unas caricias o de hacer el amor. Haciendo que me sienta en casa un poco más. Echo de menos tu mirada. Esos ojos castaños tan profundos. Tan llenos de vida y pasión. Y cuando me guiñan un ojo. Son unos traicioneros. Saben que es uno de mis puntos débiles. Y hacen que sonría como una idiota. También adoro cuando el sol refleja en ellos. Haciendo que me pierda. Que me quede embobada mirándote. Como si no hubiese nada más precioso. Y ni lo hay. Echo de menos tu roce. Que tus manos paseen a sus anchas por mi cuerpo. Haciéndome temblar. Haciendo que me estremezca a cada contacto. Echo de menos tus besos. ¿Cuáles echo más de menos? Todos. Los robados. Los pequeños. Los largos. Los tontos. Los apasionados. Los que exigían más y más. Los que no podías parar. Los que te dejaban sin respiración. Mis labios estarán sellados hasta que vuelvas. Son tuyos. Hasta tu labito. Esa tontería que ya ni recuerdo de donde la sacaste pero es tuyo. Todo tuyo y te echa de menos. Echo de menos tus historias. Aquellas que me contabas una y otra vez. Y todas aquellas que quedaron por contar. Soy paciente. Podría sentarme a escuchar. Una y otra vez. ¿Una historia repetida? No me importa. La volveré a escuchar. Es tu historia. Es parte de ti. Y yo adoro escucharlas. No importa que ya casi me sepa los diálogos. Las escuchare. Te dejaré acabar porque para ti es importante. Echo de menos tu nariz. ¿Raro verdad? No tanto. Tiene sentido. Más del que imaginas. ¿Sabes por qué? Porque adoro nuestros besos de esquimal. Tan Cariñosos. Tan Dulces. Tan nuestros. Echo de menos tu cuerpo. Tan suave. Tan precioso. Me encanta recorrerte hasta perderme. Hasta que solo exista un sentido. El tacto. Echo de menos que me retes. Si claro. Tú me retabas. ¿No te acuerdas? Tú empezaste el juego. Un juego que me vuelve loca. Que me pone exactamente donde tú quieres. Vulnerable. Pasional. Con una simple palabra. "Bésame". Me estremezco de solo pensarla. Como hecho de menos esa palabra. Que te acerques lentamente. Dejando claras tus intenciones. Y cuando me tienes exactamente dónde quieres la dices. "Bésame". Y todo se detiene. Se me corta la respiración. No hay nada más. Solo tú. Y esos labios que deseo poseer. Pero me resisto. Y tú la vuelves a repetir. "Bésame". Sabes que caeré. Tarde o temprano. Empiezo a vacilar y ya no puedo más. Te beso. Como si fuese el primero. Como si fuese el último. Como si no hubiese un mañana, ni tan siquiera un después. Porque en ese momento me quieres, me necesitas, me deseas. Aquí y ahora. Y yo ya no puedo resistirme y te doy lo que quieres. Lo que quiero. Echo de menos escucharte cantar. Aunque muchas veces no te sepas una canción. Y no te importe. Tú la cantas. Porque eres así. Espontánea. Alocada. Impredecible. Valiente. Echo de menos los Buenos Días. También echo de menos las Buenas Noches. Las que se daban bien. Con amor. Con cariño. Deseando estar la una al lado de la otra para darlas en persona. Y acabando con un Te Quiero real y sincero. O con un Te Amo. Yo gano. Sí que lo echo de menos. Un Te Quiero. Un Te Quiero que salga de tus labios. Con tu voz. Y de lo más profundo de tus entrañas. Porque eso era lo que querías decir. No por monotonía. No por repetición. Sino por ti. Por tus sentimientos. Porque así lo sientes y así quieres que yo lo sepa. Echo de menos incluso tu desorden. Que dejes tus cosas en mi casa. Y me digas que después lo recoges cuando ambas sabemos que la camiseta se tirara ahí una semana... o más. Echo de menos que me invites a salir. Diría que sí sin pensármelo dos veces. Y diría que sí hoy, ahora, mañana y la semana que viene. La respuesta siempre sería que sí. Porque me estarías regalando tú tiempo. Un tiempo que jamás vuelve. Y que tú quieres aprovecharlo conmigo. ¿Cómo no querría yo corresponderte con lo mismo? Sería idiota si volviese a rechazar una invitación. Echo de menos incluso ir de compras. Horas y horas invertidas en ir de una tienda a otra mirando absolutamente cada una de las prendas y repitiendo el recorrido hasta encontrar algo que te guste. Vale. Ya sé. He exagerado un poco. Una lo ve una agonía en ese momento. Y a pesar de eso lo volvería hacer. Entraría en cada tienda. Recorrería cada centímetro solo por estar un minuto más a tu lado. Aunque tuviese que dar mi opinión sobre un vestido horroroso y hortera deseando que no te lo comprases. Echo de menos hablar. Simplemente hablar. Tirarnos en algún lado y hablar. Horas y horas de conversación. Sobre lo que sea. Historia. Filosofía. Religión. Ficción. Amor. Incluso si tengo suerte hasta de dibujos animados. Puede que me repita pero echo de menos las miradas. Esas miradas que transmitían tanto diciendo tan poco. No hacía falta que me dijeses que me querías. No hacía falta que me dijeses que me habías echado de menos. Podía verlo. Podía sentirlo. Porque era lo mismo que transmitían las mías. Echo de menos que me cojas de la mano. Ese estúpido gesto que es tan importante para mí. Que simboliza cariño, amor, unión. No es solo una costumbre o una forma de ir por la calle porque somos una pareja. Significa más. Mucho más. Echo de menos que te enrolles. Qué te vayas por las ramas. Que conviertas un corto en una película de 3 horas. Aunque ahora la que se esté enrollando demasiado sea yo. Lo siento. Echo de menos verte dormir. Que llegues a mi casa y te apoderes de mi cama. O media cama. Sigo esperando a que traigas la otra mitad. Adoro verte dormir. Pensé que con los años me cansaría pero estaba equivocada. Eres preciosa despierta y sigues siendo preciosa cuando duermes. Tu rostro es la viva imagen de la tranquilidad, de la paz. Y eso me relaja. Ojalá sintieses la misma calma cuando no duermes. Echo de menos despertarme a tu lado. Esa felicidad plena de saber que despierto junto a la persona que amo. Disfrutando del momento. Escuchando tu respiración y sabiendo que de un momento a otro despertarás y me darás los mejores buenos días del mundo. Digo mejores porque serán tuyos. Echo de menos no estar ahí ahora. Pero me he prohibido escribirte de nada triste aquí. Nada actual. Intentó recordar todo lo que quiero. Todo lo que me gusta de ti. Todo lo que haces sentir cuando estoy contigo. Todo lo que echo de menos a cada segundo que paso alejada de ti. Haciendo que el deseo de volver a verte crezca. Sin control. Que mi amor aumente. Que esté más segura de lo que quiero. Y de por lo que voy a luchar. Empiezo a sentir aquella ilusión perdida. Aquellas ganas. Aquella impaciencia. Y cada día van a más. Imaginando situaciones absurdas y de película en las que tú vienes corriendo a por mí. Besándome apasionadamente y diciéndome que sentías haberme hecho esperar tanto. Sé que da igual lo que imagine o lo que mi cabeza llena de fantasía cree. Todo eso dará igual. Si ese día llegase. Sería un millón de veces mejor. Mis nervios estarían a flor de piel. Lloraría y me volvería a temblar el mentón. Estaría plantada delante de ti esperando a que me susurrases una única palabra. Aquella que rompería todas mis barreras. Por mucho que intentase hacerme la dura. Solo diciendo la palabra mágica sería tuya. Solo tuya. "Bésame".

Cayendo

Es una mala noche. Sé que estás despierta. Y necesito que me hables pero no lo haces. Y empiezo a llorar. No puedo parar. Estoy al límite. Ya van 6 días. Y no puedo más. Necesito que vuelvas. Odio esto. Odio como me siento. Abatida. Hundida. Destrozada. Impotente. Infeliz. No existen palabras suficientes para poder expresar todo el dolor que llevo dentro. Es un abismo. Y yo estoy metida hasta el fondo. Estoy en caída libre. Cayendo cada vez más y más. Nadie puede ayudarme. Nadie puede sujetarme. Seguiré cayendo. Sálvame. Por favor.

Respira

¡Quieta! No puedes. ¡Deja las manos donde están! Así. Muy bien. Ahora ve bajándolas poco a poco. Perfecto. Ha faltado poco. Un poco más y pierdes el control. Respira. Respira hondo. Puedes superarlo. ¡Y deja de mirar su última conexión! Si ya se. Esta despierta. Sí. ¿Y? No es de tu incumbencia. Ahora se una buena chica. Suelta el móvil. Aléjate de él y vete de una vez a dormir. Mañana será otro día. O eso dicen...