Aun podía escuchar el sonido de su voz al entrar por la puerta. "Holi pichon". Una y otra vez. Como si hubiese sido ayer. Como si estuviese ocurriendo en este preciso instante. Una voz llena de felicidad, de cariño, de amor. Dos palabras que lo inundaban todo. Llenando la casa de felicidad en cuestión de segundos. Y yo... Yo solo quería correr hacia la voz. Correr hacia la persona que pronunciaba aquellas palabras y no soltarla. Como había hecho miles de veces. Una por cada vez que las escuchaba. ¿Que por qué? Porque eran para mí. Para nadie más. Solo para mí.
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