Mis ojos encontraron los suyos. Expresivos y misteriosos al mismo tiempo. ¿En que estaría pensando? Nunca tenía ni la más remota idea. Era toda una incógnita. Seguí mirándola. Repasando cada rasgo, cada detalle. Mis manos seguían recorriendo cada milímetro de su piel. La miraba, la tocaba, como si jamás lo hubiese hecho. Como si cada vez que lo hiciese fuese la primera vez. Y lo parecía. Cada vez que la miraba era como si jamás la hubiese visto. Cada vez que mis manos entraban en contacto con su piel, era como si jamás la hubiese tocado. Y al mismo tiempo… era como si lo hubiese ello un millón de veces. Dejándome una sensación familiar, acogedora. Una sensación que repetiría una y mil veces.
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