Y de repente la vi. Era ella. Estaba completamente segura. No podía ser otra. Sus ojos encontraron los míos. Oscuros. Intensos. Su mirada atravesó la mía. Desarmándome. Haciéndome sentir vulnerable. ¿Quién era esa chica y que estaba haciendo conmigo? Todavía no lo entendía. Solo sentía las pulsaciones cada vez más aceleradas a medida que se acercaba. Relájate. Relájate. Me repetía una y otra vez. No podía. Demasiado tarde. Era demasiado tarde.
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