sábado, 2 de julio de 2016

Tanto con tan poco

¿Dónde estaba mi autocontrol cuando lo necesitaba? Creo que se había esfumado en el momento en que sus ojos conectaron con los míos. Volvía a estar perdida. Solo escuchaba mis pensamientos revoloteando sin control. Estaba demasiado cerca. Su aroma. Su voz. Sus ojos. Su boca. Todo me invitaba a acercarme. A perderme. Me costaba resistirme. Sentía como mi corazón avanzaba a la par que mis pensamientos. Tenía que salir de allí. Tenía que hacerlo o lo arruinaría. Me baje del coche y con paso decidido crucé la calle. Un problema. A cada paso mi fuerza de voluntad menguaba. ¿Qué estaba haciendo? Me había parado en medio de la carretera. ¿Qué pasaría si...? No, no, no y no. Eso quitártelo de la cabeza. No vas a hacerlo. Demasiado tarde. Ya estaba girando sobre mis talones y caminando en su dirección. Genial. Adiós al autocontrol. Necesitaba un plan. Una idea. Lo que fuese. ¡Rápido! No podía arruinarlo. No esta vez. Solo había una solución. Modificar la idea original. "¿Puedo darte un beso en la mejilla?" le pregunte tímidamente a medida que me acercaba. ¿En serio había dicho yo eso? Sonaba estúpido y cursi. Definitivamente era idiota. Lo había declarado en voz alta. Y ahora ella lo sabía. "Si" contestó ella con una sonrisa. ¿Había dicho que sí? Sonreí. No tuve que pensármelo dos veces. Llevaba semanas sin estar tan cerca. Lo deseaba. Daban igual los nervios. No sería una cobarde. No renunciaría a lo que quiero por miedo. Así que me acerque y le di un suave beso en la mejilla. "Buenas noches" le susurré al oído. "Princesa" añadí para mis adentros. "Buenas noches" respondió ella. ¿Como era capaz de darme tanto con tan poco? Con dos simples palabras había vuelto a instaurar aquella sonrisa en mi cara. Tan mía. Tan suya.

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