¿Dónde estaba mi autocontrol cuando
lo necesitaba? Creo que se había esfumado en el momento en que
sus ojos conectaron con los míos. Volvía a estar perdida. Solo
escuchaba mis pensamientos revoloteando sin control. Estaba demasiado
cerca. Su aroma. Su voz. Sus ojos. Su boca. Todo me invitaba a acercarme. A
perderme. Me costaba resistirme. Sentía como mi corazón avanzaba a la par que
mis pensamientos. Tenía que salir de allí. Tenía que hacerlo o lo arruinaría.
Me baje del coche y con paso decidido crucé la calle. Un problema. A cada paso
mi fuerza de voluntad menguaba. ¿Qué estaba haciendo? Me había parado
en medio de la carretera. ¿Qué pasaría si...? No, no, no y
no. Eso quitártelo de la cabeza. No vas a hacerlo.
Demasiado tarde. Ya estaba girando sobre mis talones y caminando en
su dirección. Genial. Adiós al autocontrol. Necesitaba un plan.
Una idea. Lo que fuese. ¡Rápido! No podía arruinarlo. No esta vez.
Solo había una solución. Modificar la idea original.
"¿Puedo darte un beso en la mejilla?" le pregunte tímidamente a
medida que me acercaba. ¿En serio había dicho yo eso?
Sonaba estúpido y cursi. Definitivamente era idiota. Lo había declarado en voz alta. Y ahora ella lo sabía. "Si" contestó ella con una sonrisa. ¿Había
dicho que sí? Sonreí. No tuve que pensármelo dos veces. Llevaba
semanas sin estar tan cerca. Lo deseaba. Daban igual los nervios. No sería una
cobarde. No renunciaría a lo que quiero por miedo.
Así que me acerque y le di un suave beso en la mejilla. "Buenas
noches" le susurré al oído.
"Princesa" añadí para mis adentros. "Buenas
noches" respondió ella. ¿Como era capaz de darme tanto con tan poco? Con dos simples palabras había
vuelto a instaurar aquella sonrisa en mi cara. Tan mía. Tan suya.
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