Impaciente. Era un rasgo que empezaba a caracterizarme. Innegable. Solo quería verla. Verla otra vez. No entendía que me estaba pasando. Me sentía como un gato asustado. Sin saber muy bien qué hacer. Perdida. Era confuso. Ocupaba mi mente. A diario. Sin poder evitarlo. Sacándome sonrisas tontas. Haciéndome sentir ese cosquilleo en el estómago. ¿Tendría ganas de verme? Quería saber que pensaba. Que se le pasaba por la cabeza. La curiosidad siempre jugaba en mi contra. ¿Por qué me resultaba tan difícil de leer? No podía ser tan difícil, ¿o si?
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