sábado, 16 de julio de 2016

Una ventana hacia la tranquilidad

Las palabras se acumularon en mi boca. Las tenía en la punta de la lengua. Apretaba mis labios intentando contenerlas. Sacarlas sería aceptarlo. Asumir la realidad. Y no sabía si estaba preparada. Sentía como querían salir. Debían salir. "Grítalo" dijo ella a mi lado. Podía hacerlo. Cogí aire por última vez y grité Las palabras brotaron. Salieron disparadas. "Sarah ya no me quiere" Grité hasta quedar sin aliento. Se lo grité al viento. Se lo grité al mundo. Me lo grité a mí misma. Sobre todo a mí misma. "¿Algo más?" preguntó ella. Sí. Había algo más. Volví a vacilar. Estaba siendo más difícil de lo que jamás había imaginado. Tenía un nudo en la garganta. "Y ya no están juntas" gritó ella a mi lado. "Y ya no estamos juntas" grité desde lo más profundo de mi interior. Dejando que las palabras se fuesen con el viento. Llevándoselas muy lejos. Alejándolas de mí. Y se fueron. Salieron y se sumergieron en la oscuridad. Se habían ido. Lo había conseguido. Había gritado y ahora... ahora sentía alivio. Como si la carga se hubiese aligerado un poco. Como si al fin pudiese sentir algo de paz. Algo de tranquilidad. Y pudiese volver a respirar de nuevo.

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