Se acercó lentamente y me besó. Me quedé paralizada. Sentí sus
labios pegados a los míos. Suaves. Muy suaves. Como la seda. Tenía miedo pero
no me aparté. Me gustaba esa sensación. Una ola de calor recorrió mi cuerpo.
Ella se apartó, giró sobre sus pasos y empezó a caminar. ¿Por qué se aparta? ¿A
dónde va? No. No. No quería que se fuese. Alargué mi mano y atrapé la suya.
Ella me miró y nuestros ojos conectaron. Me acerque, rodeando su cintura con
mis brazos y la pegué a mí. Volví a mirarla un segundo y entonces... la besé.
Disfruté de aquel beso. Dulce. Suave. Tierno. Disfruté de los besos que le
siguieron. Disfruté incluso de los nervios. De aquel cosquilleo que se había
instalados en mi estómago. Disfruté de ella. De aquella chica que casi no
conocía. Disfruté del momento. Disfruté de algo nuevo.
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