Ya no había vuelta atrás. Me gustaba. Sí. Me gustaba. Ya lo había dicho.
¿Contentos? No era algo que pudiese controlar sin más. Sucedió. Sin querer. Sin
pensarlo. Cuando menos me lo esperaba. Disfrutaba del momento. Me gustaba
tenerla cerca. Hablar. Reírnos. Me gustaban incluso los nervios. O la sonrisa
de oreja a oreja. Me encantaba esa sensación de felicidad que llenaba cada
ápice de mí. Una sensación que creía perdida. Me gustaban sus besos. Sonreía de
solo recordarlos. Quería más. Quería besarla mucho más. Toda la noche si ella
así lo desease. Me gustaba el contacto de sus manos sobre mi piel. Tímido.
Nervioso. Cuanto más me acercaba a ella más quería acercarme. Sin importar el
miedo. Me dejaría llevar. Disfrutaría del presente. Sin importar nada más. Nada.
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