¿Cuánto se puede echar de menos a una persona? Veamos. Voy a improvisar. No se la respuesta a esa pregunta. Solo escribo. Escribo porque quiero verte. Porque estoy deseando volver a rozar esos labios que tanto me gustan. Suaves. Dulces. Tiernos. Estoy deseando que nuestras miradas se crucen. Y que tu apartes la tuya. Nerviosa. Deseo volver a verte y sentir esa electricidad que me produces con cada caricia. Erizando cada milímetro de mi piel. Calentando cada parte de mí. Estoy deseando verte para escuchar un te quiero salido de lo más profundo de ti. Creando un ejército de mariposas en mi estómago. Mariposas que se han asentado ahí. No quieren irse. No quieren perderse ninguno de tus chistes, ninguno de tus bromas que a veces solo tú entiendes. No quieren perderse esa cara de niña pequeña cuando te frustras o te sientes confusa y no sabes qué hacer. No quieren perderse nada. Así que no se irán. Esperarán. Esperarán el momento de tu regreso. En el que nos volvamos a ver.
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