jueves, 30 de junio de 2016

Las palabras no bastan

¿Qué tengo que hacer? ¡Dímelo! No lo sabes... Yo tampoco. A veces me siento perdida. Solo intento que vuelvas. A mi manera. No sé qué debería hacer. No creo que las palabras valgan la pena. No creo que sirvan para hacerte volver. No sé si leer recuerdos, momentos o frases pueden avivar los sentimientos. No creo que aviven el deseo, la pasión, el amor. Una parte de mi quiere creer que sí. Que puede que ayuden. Por eso siguen saliendo. Expresando el sentimiento tan fuerte que sigue estancado en mi interior. Que no va a moverse. Que seguirá ahí. Hasta que el ultimo ápice de esperanza se esfume. No valen las palabras. No existen negociaciones. No se moverá. Porque cree en esto. Cree en ti. Siempre lo ha hecho. Por eso se niega a moverse. Sin importar las lágrimas. Los momentos de debilidad. La rabia temporal. Nada importa. Solo este sentimiento. Este amor tan profundo que jamás había sentido y que jamás había recibido. ¿Cómo olvidar? Es absurdo. Hay esperanza. Quizás sea una remota posibilidad pero... ¿Y si al final del camino estas tú? Tengo que seguir caminando. Tengo que seguir en pie. Esperando que el camino sea corto. Esperando que en cualquier momento aparezcas y yo me queje de lo mucho que has tardado. Como siempre. Esperando con una ilusión a veces estúpida e incontrolable. Esperando. 

La Risa

Es cierto cuando dicen que la risa es la mejor medicina. Una gran verdad. Reírse es bueno. Muy bueno. Te relaja. Liberas tensiones. Lo difícil es encontrar a las personas adecuadas que te provoquen carcajadas puras, a pleno pulmón. Dejándote sin aliento. Haciendo que te olvides de todo. Centrándote solo en ese momento. En el sonido de una risa que lo envuelve todo.

miércoles, 29 de junio de 2016

Lo que realmente cuenta

Aun podía recordar el dulce sabor de tus labios sobre los míos o el sonido de tu risa cuando mi niña interna salía a la luz. Podía recordar cómo si fuese ayer tu cara de niña pequeña cuando intentabas salirte con la tuya. Eliminando cualquier rastro de madurez. Vulnerable. Alegre. Feliz. Recordaba el tacto de tus manos. Rodeando mi cara o entrelazándose en mi pelo. También podía recordar el silencio. Un silencio acogedor. Un silencio donde nuestras miradas hablaban por sí solas. Donde las palabras no hacían falta. Recuerdo los nervios. Las mariposas. Creando un ejercito imparable. Sin importar el motivo. Sin razón. Una sonrisa tuya. Un leve roce. Un beso. Un guiño un ojos, de esa forma tan especial que solo tú sabes. Y ya me tenías ganada. En la palma de tu mano. Recuerdo la calma de tus brazos en los días malos. Mi refugio. Mi hogar. A veces incluso sigue resonando en mi cabeza tus quejas constantes. Una y otra vez repitiéndome que yo no tenía una cama, sino media cama. Lo curioso era lo mucho que dormías para ser solo la mitad. En aquellos momentos no parecía importarte mucho donde había guardado la otra mitad. Por desgracia para ti, seguiría siendo un misterio. Recuerdo las horas al sol y las conversaciones interminables. Cada día podía irme a dormir sabiendo que había aprendido algo nuevo. Tenías la capacidad de sorprenderme. Cualquier pequeño detalle que viniese de ti me parecía perfecto. Y eso era lo que siempre nos había importado. Los pequeños detalles. Aquellas pequeñas cosas que sacaban lo mejor de nosotras con muy poco. Acercándonos cada vez más, sin importar nada más. Al fin y al cabo, eso es lo que cuenta. Los pequeños detalles. ¿Verdad?

martes, 28 de junio de 2016

Proyecciones al pasado

¿En qué momento pensé que esto sería una buena idea? ¿Soy masoca? ¿Me gusta influirme dolor a propósito? No. ¡Claro que no! Solo soy imbécil. Así de sencillo. Años queriendo reorganizar mi ordenador portátil y he decidido hacerlo ahora. En el mejor momento. Me aplaudo. Soy un genio. Una gran idea. Repasar cada momento. Cada instante a tu lado. Todas esas miles de fotos y vídeos donde se puede palpar el amor, la felicidad, el cariño. Casi puedo escuchar tu risa o tus tonterías. Casi puedo sentir tu amor. Casi. Cada foto me devuelve al pasado. Haciéndome recordar. Haciéndome reír y llorar al mismo tiempo. No puede ser. No lo acepto. Sigo sin poder asimilarlo. Parece un sueño. Te quiero. Me quieres. Es sencillo. Es suficiente. ¿No? No soy la misma. No me siento la misma y no volveré a serlo. Me gusta la persona en la que me estoy convirtiendo. Me gusta mucho. Me estaba perdiendo y me estoy encontrando. Ahora encuéntrate y vuelve.

Trazos insaciables

Y de repente las palabras vuelven a mí. Envolviéndome. Emitiendo esa urgente necesidad de expresar lo que siento. ¿Por qué ahora? ¿Por qué no hace 5 meses o un año cuando ella me rogaba que escribiese como antes? ¿Cómo voy a saber la respuesta? No puedo obligarme a escribir. Ella lo sabe. Era insaciable. La inspiración viene cuando lo desea. Sin preguntar. Cuando los sentimientos son tan fuertes que ya eres incapaz de contenerlos en un mero recipiente. Necesitan salir. Ser oídos. Necesitan volar. Y aquí estoy. Dejando que vuelen. Una y ya vez. Sin control. No puedo pararlo. Tampoco quiero. Está soy yo. Mis manos escribiendo lo que mí corazón anhela. Conectados. La tinta de mis sentimientos. Trazo a trazo. Palabra a palabra. Escribiendo por ella. Mi musa. Mi amor. Desde el primer momento. Ella y solo ella.

sábado, 25 de junio de 2016

Sueños familiares.

Pequeños haces de luz iluminaban poco a poco la instancia. ¿Dónde estaba? ¿Qué me había despertado? "Buenos días amor" susurró una voz a mis espaldas. Unas suaves manos rodearon mi cuerpo, atrayéndome. Sonreí levemente. Aún seguía medio dormida. O... puede que esto fuese solo un sueño. En cualquier caso me sentía en paz. Sabía dónde estaba. Estaba en la misma cama con la mujer de mi vida. Mi musa. Sus manos acariciaban mi cuerpo. ¿Podía seguir haciéndome la dormida un poco más? Creo que sí. Siempre lo hacía. Con cada caricia, mi cuerpo se estremecía un poco. Ella sabía que yo no estaba dormida. "Date la vuelta" susurró la misma voz. "No" Se quejó caprichosamente mi voz interna. Quería seguir así. Abrazada a ella. Disfrutando del momento. "Date la vuelta" volvió a susurrar la voz, aunque esta vez con más insistencia. Sabía lo que quería. La conocía muy bien. ¿Me rendiría fácilmente a sus encantos, cualidad innata en mí, o por el contrario seguiría haciéndome de rogar? Difícil decisión. "Bésame". La voz salió de su garganta como un hechizo. Era magia. Sentía como aquellas simple palabra penetraba en mí. Creando un efecto instantáneo. Suspiré y me giré lentamente. Nuestras caras quedaron una frente a la otra. Nuestros ojos conectaron y salto la chispa. Aquella palabra aun resonaba en mi cabeza. No podía resistirme. Toda ella me llamaba. Me invitaba a besarla, a tocarla. La rodeé con los brazos sin dejar por un solo segundo de mirarla. Estaba hechizada. Era preciosa. Jamás había visto algo tan hermoso en toda mi vida. Y me rendí. Acerque mis labios a los suyos y la besé. La besé con dulzura, con pasión. Disfrutando de sus labios, tan vivos, tan perfectos. De sus manos recorriendo cada milímetro de mi cuerpo. Estremeciéndome de placer. Escuchaba su respiración, acelerada, tanto como la mía. Mis manos recorrieron su espalda, bajando poco a poco. Me sentía insaciable. Necesitaba recorrer todo su cuerpo. Y se pararon en su precioso culo, atrayéndolo más hacia mi cuerpo. La quería más cerca. El calor era abrasador. Un fuego incontrolable. Estábamos en un punto sin retorno. Perdidas. La una en la otra. Ardiendo. Llenas de deseo. Llenas de vida. Jugando, una vez más, con fuego.

jueves, 23 de junio de 2016

Deseos transparentes.

No me sentía la misma persona. La que tenía una obsesión con el tiempo. La que tenía ataques de ira. O la que tenía un inmenso dolor dentro. Un vacío abismal. Era como si esa carga negativa que llevaba acumulada desde hacía tanto se empezase a disipar. Liberándome. Haciéndome sentir más ligera. Dejándome ser yo misma. Podía afirmar que me sentía bien. Aunque me seguía faltando algo. Ella. La echaba de menos. Deseaba hablar con ella. Deseaba hacerla reír. Disfrutando del sonido de su risa. Deseaba invitarla a cenar y luego colarnos en un parque en medio de la noche. Deseaba hacer locuras con ella. Perdernos. Deseaba escuchar su voz de dormida por las mañanas. Y ver esa carita que pone, tan dulce, tan preciosa que te dan ganas de cogerla y darle un enorme surtido de besos. Deseaba sucumbir a su deseo cuando me susurraba "¿Me haces unas cosquis por la espalda?". ¡Sí! ¡Sí! Una y mil veces si. Deseaba secuestrarla, en el buen sentido, y llevármela a ninguna parte y a todas a la vez. Descubriendo lugares que jamás hayamos visto antes. Incluso sonreía al pensar en la posibilidad de bailar una vez mas con ella una noche de sábado. Dejando que ella me guiase como siempre había hecho. Deseaba entrelazar mis dedos con los suyos, acercarme a su oído y empezar a cantar. Haciendo algo que jamás había hecho. Solo el sonido de mi voz. Quiero ser valiente. Valiente para hacer las cosas que jamás hago por miedo. Porque ella me ha enseñado a ser valiente. A ser decidida. A decir las cosas que pienso. Ella me ha enseñado a amar. A que sonría como una idiota cuando me llama, cuando la veo o cuando me manda un mensaje. Simplemente sonreír porque es ella. A sentir un ejército de mariposas cuando se acerca o sonríe. A que me tiemble hasta el mentón cuando me besa. A acelerar mis pulsaciones cuando me toca. A olvidarme del mundo entero cuando me dice "Te Quiero" y derribando todas y cada una de mis barreras cuando me susurra "Bésame". Haciendo que el amor sea sencillo. Haciendo que sea único.