Era como volver a empezar. Volver al inicio. A donde comenzó todo. Con una diferencia. Con una insignificante diferencia. Ahora eramos dos personas con un enorme pasado. Un pasado juntas. Que han roto. Que están dolidas. Perdidas. Y que no quieren alejarse. Por eso a veces se mensajean y quedan. Nadie sabe si eso será bueno. Y no se sabe. Lo único que queda es esperanza. Seguir en pie. Seguir. Ahora es como al principio. Siento nervios. Dudas. ¿Le hablo o no le hablo? ¿Si lo hago será muy pronto? Mejor no. No quiero agobiarla. Entonces espero. Un día. Dos. No puedo más. No quiero ser cobarde. Y lo hago. Le mando un mensaje. La respuesta es casi instantánea. ¿Estaría pensando en mi? ¿Estaría deseando que le hablase? Entonces me hago de rogar. Así comenzó la primera vez. No quería parecer impaciente, ansiosa. No quería que notase lo mucho que la echaba de menos. Por eso esperaba. Volvería a empezar si hacia falta. Incluso de 0 si era necesario. Ya lo estaba haciendo. Con todos los nervios. Todas las dudas. Todas las ganas. Todo. Todo de nuevo. Puedo hacerlo. Sé que puedo. Y voy a luchar. No me rendiré. Nunca.
lunes, 6 de junio de 2016
jueves, 2 de junio de 2016
Sueños rotos.
Lo has destruido. Todo. Me has llenado de heridas y sangro. Sangro por cada una de ellas. Escuecen. Es culpa tuya. Tu has creado el dolor. Tu lo has puesto ahí. Y estas dejando que me consuma. Que me mate lentamente. Que se apodere de cada parte de mi. ¿Esa fue tu solución? Poner una pausa. Una pausa eterna. Arrancando cada recuerdo. Rompiendo cada beso. Destrozando cada resquicio de felicidad. ¿Esa era tu solución? ¡Contesta! Te aplaudo. Fue una gran solución. Para ti. Para quien se va. Para quien se ha rendido. Egoísta. Escogiste la vía fácil. Escogiste. No me diste a elegir. No pude elegir. Yo no escogí el dolor. Yo no escogí la soledad. Yo no escogí el vacío. No pude elegir. Tuve que verte marchar. Tuve que ver como destrozabas una vida. Nuestra vida. Me siento como un perro. Esperando y esperando. Una espera eterna. Dolorosa. ¿Es mas fácil para ti ahora? ¿Te has quitado un peso de encima? ¿Eres feliz o dejaste tu felicidad cuando abandonaste el barco? Cuando abandonaste todos los sueños. Todos los planes. Todo un futuro. Quizás algún día despiertes y te des cuenta de tu error. ¿Que pasará entonces? Que quizás yo ya no siga esperando. Y me habrás perdido.
Odio interno
Estoy enfadada. Quiero gritar. Quiero huir. Quiero
irme lejos. Olvidarme de todo y empezar de nuevo. Quiero alejarme del dolor.
Dolor que aparece a cada paso que doy. ¿Sabes lo que es eso? ¿Sabes lo que
duele? Cada paso duele. Es horrible. Como si me clavase mil agujas. ¿Sabes por
qué? Porque cada paso que doy me recuerda a ti. Tú has pisado donde yo piso. Tú
has tocado donde yo toco. Tú has dormido donde yo duermo. Estás en todas
partes. Estás en mí. Y duele. Y no puedo alejarte. No soy capaz. Estás ahí. Las
24 horas del día. Todos y cada uno de los días. ¿Qué hice mal? ¿Tan difícil era
tenerme cerca? ¿Tan difícil era quererme? ¿Acaso yo te exigía tanto? No lo
entiendo. Lo intento. Constantemente pero no lo entiendo. ¿Qué tenía que ver yo
con todo? ¿Por qué tuviste que alejarme a mí? Era más fácil alejarme que
luchar. Escogiste la vía fácil. Te escogiste a ti. Y me dejaste a mí.
miércoles, 1 de junio de 2016
Frío
Frío. Hace frío. ¿Cómo es posible? Puedo ver el sol
encima de mi cabeza. Brillando. Es inevitable. Tengo frío. Siento el calor pero
está muy lejos. Como si no llegase a reflejar en mí. Como si yo tuviese una
barrera invisible haciendo que el calor no pudiese penetrar. Ahora me doy
cuenta. Soy yo. El problema lo tengo yo. No hace frío pero yo lo tengo. Desde
que te fuiste. Estoy helada. Soy incapaz de quitármelo de encima. No importa
las capas de ropa que me ponga. Está ahí. Haciéndome estremecer. Te llevaste el
calor. Todo. Y a mí ya no me queda nada. ¿Recuerdas la vez que me dijiste que
yo era como mi propio sol? Lo era. Pero solo porque tú estabas a mi lado.
Tenías la capacidad de hacerme brillar. Ahora estoy apagada. Como si tú
hubieses apretado el botón de off. Desconectándome. Sin vida. Sin calor. Solo
frío.
Te echo de menos
Echo de menos tu voz. Alegre. Cantarina. Dándome los
buenos días o contándome tus historias. Echo de menos tu risa. Ese sonido que
acelera mi corazón. Música para mis oídos. Echo de menos tu olor. Ese olor que
para mí solo significa hogar. Un lugar donde siempre puedo volver. Donde estoy
protegida, segura y a salvo. Un olor que miles de veces se me ha quedado
prendado en la ropa o en la piel después de un abrazo, unas caricias o de hacer
el amor. Haciendo que me sienta en casa un poco más. Echo de menos tu mirada.
Esos ojos castaños tan profundos. Tan llenos de vida y pasión. Y cuando me
guiñan un ojo. Son unos traicioneros. Saben que es uno de mis puntos débiles. Y
hacen que sonría como una idiota. También adoro cuando el sol refleja en ellos.
Haciendo que me pierda. Que me quede embobada mirándote. Como si no hubiese
nada más precioso. Y ni lo hay. Echo de menos tu roce. Que tus manos paseen a
sus anchas por mi cuerpo. Haciéndome temblar. Haciendo que me estremezca a cada
contacto. Echo de menos tus besos. ¿Cuáles echo más de menos? Todos. Los
robados. Los pequeños. Los largos. Los tontos. Los apasionados. Los que exigían
más y más. Los que no podías parar. Los que te dejaban sin respiración. Mis
labios estarán sellados hasta que vuelvas. Son tuyos. Hasta tu labito. Esa
tontería que ya ni recuerdo de donde la sacaste pero es tuyo. Todo tuyo y te
echa de menos. Echo de menos tus historias. Aquellas que me contabas una y otra
vez. Y todas aquellas que quedaron por contar. Soy paciente. Podría sentarme a
escuchar. Una y otra vez. ¿Una historia repetida? No me importa. La volveré a
escuchar. Es tu historia. Es parte de ti. Y yo adoro escucharlas. No importa
que ya casi me sepa los diálogos. Las escuchare. Te dejaré acabar porque para ti
es importante. Echo de menos tu nariz. ¿Raro verdad? No tanto. Tiene sentido.
Más del que imaginas. ¿Sabes por qué? Porque adoro nuestros besos de esquimal.
Tan Cariñosos. Tan Dulces. Tan nuestros. Echo de menos tu cuerpo. Tan suave.
Tan precioso. Me encanta recorrerte hasta perderme. Hasta que solo exista un
sentido. El tacto. Echo de menos que me retes. Si claro. Tú me retabas. ¿No te
acuerdas? Tú empezaste el juego. Un juego que me vuelve loca. Que me pone
exactamente donde tú quieres. Vulnerable. Pasional. Con una simple palabra.
"Bésame". Me estremezco de solo pensarla. Como hecho de menos esa
palabra. Que te acerques lentamente. Dejando claras tus intenciones. Y cuando
me tienes exactamente dónde quieres la dices. "Bésame". Y todo se
detiene. Se me corta la respiración. No hay nada más. Solo tú. Y esos labios
que deseo poseer. Pero me resisto. Y tú la vuelves a repetir.
"Bésame". Sabes que caeré. Tarde o temprano. Empiezo a vacilar y ya
no puedo más. Te beso. Como si fuese el primero. Como si fuese el último. Como
si no hubiese un mañana, ni tan siquiera un después. Porque en ese momento me
quieres, me necesitas, me deseas. Aquí y ahora. Y yo ya no puedo resistirme y
te doy lo que quieres. Lo que quiero. Echo de menos escucharte cantar. Aunque
muchas veces no te sepas una canción. Y no te importe. Tú la cantas. Porque
eres así. Espontánea. Alocada. Impredecible. Valiente. Echo de menos los Buenos
Días. También echo de menos las Buenas Noches. Las que se daban bien. Con amor.
Con cariño. Deseando estar la una al lado de la otra para darlas en persona. Y
acabando con un Te Quiero real y sincero. O con un Te Amo. Yo gano. Sí que lo
echo de menos. Un Te Quiero. Un Te Quiero que salga de tus labios. Con tu voz.
Y de lo más profundo de tus entrañas. Porque eso era lo que querías decir. No
por monotonía. No por repetición. Sino por ti. Por tus sentimientos. Porque así
lo sientes y así quieres que yo lo sepa. Echo de menos incluso tu desorden. Que
dejes tus cosas en mi casa. Y me digas que después lo recoges cuando ambas
sabemos que la camiseta se tirara ahí una semana... o más. Echo de menos que me
invites a salir. Diría que sí sin pensármelo dos veces. Y diría que sí hoy,
ahora, mañana y la semana que viene. La respuesta siempre sería que sí. Porque
me estarías regalando tú tiempo. Un tiempo que jamás vuelve. Y que tú quieres
aprovecharlo conmigo. ¿Cómo no querría yo corresponderte con lo mismo? Sería
idiota si volviese a rechazar una invitación. Echo de menos incluso ir de
compras. Horas y horas invertidas en ir de una tienda a otra mirando
absolutamente cada una de las prendas y repitiendo el recorrido hasta encontrar
algo que te guste. Vale. Ya sé. He exagerado un poco. Una lo ve una agonía en
ese momento. Y a pesar de eso lo volvería hacer. Entraría en cada tienda.
Recorrería cada centímetro solo por estar un minuto más a tu lado. Aunque
tuviese que dar mi opinión sobre un vestido horroroso y hortera deseando que no
te lo comprases. Echo de menos hablar. Simplemente hablar. Tirarnos en algún
lado y hablar. Horas y horas de conversación. Sobre lo que sea. Historia.
Filosofía. Religión. Ficción. Amor. Incluso si tengo suerte hasta de dibujos
animados. Puede que me repita pero echo de menos las miradas. Esas miradas que
transmitían tanto diciendo tan poco. No hacía falta que me dijeses que me
querías. No hacía falta que me dijeses que me habías echado de menos. Podía
verlo. Podía sentirlo. Porque era lo mismo que transmitían las mías. Echo de
menos que me cojas de la mano. Ese estúpido gesto que es tan importante para
mí. Que simboliza cariño, amor, unión. No es solo una costumbre o una forma de
ir por la calle porque somos una pareja. Significa más. Mucho más. Echo de
menos que te enrolles. Qué te vayas por las ramas. Que conviertas un corto en
una película de 3 horas. Aunque ahora la que se esté enrollando demasiado sea
yo. Lo siento. Echo de menos verte dormir. Que llegues a mi casa y te apoderes
de mi cama. O media cama. Sigo esperando a que traigas la otra mitad. Adoro
verte dormir. Pensé que con los años me cansaría pero estaba equivocada. Eres
preciosa despierta y sigues siendo preciosa cuando duermes. Tu rostro es la
viva imagen de la tranquilidad, de la paz. Y eso me relaja. Ojalá sintieses la
misma calma cuando no duermes. Echo de menos despertarme a tu lado. Esa
felicidad plena de saber que despierto junto a la persona que amo. Disfrutando
del momento. Escuchando tu respiración y sabiendo que de un momento a otro
despertarás y me darás los mejores buenos días del mundo. Digo mejores porque
serán tuyos. Echo de menos no estar ahí ahora. Pero me he prohibido escribirte
de nada triste aquí. Nada actual. Intentó recordar todo lo que quiero. Todo lo
que me gusta de ti. Todo lo que haces sentir cuando estoy contigo. Todo lo que
echo de menos a cada segundo que paso alejada de ti. Haciendo que el deseo de
volver a verte crezca. Sin control. Que mi amor aumente. Que esté más segura de
lo que quiero. Y de por lo que voy a luchar. Empiezo a sentir aquella ilusión
perdida. Aquellas ganas. Aquella impaciencia. Y cada día van a más. Imaginando
situaciones absurdas y de película en las que tú vienes corriendo a por mí.
Besándome apasionadamente y diciéndome que sentías haberme hecho esperar tanto.
Sé que da igual lo que imagine o lo que mi cabeza llena de fantasía cree. Todo
eso dará igual. Si ese día llegase. Sería un millón de veces mejor. Mis nervios
estarían a flor de piel. Lloraría y me volvería a temblar el mentón. Estaría
plantada delante de ti esperando a que me susurrases una única palabra. Aquella
que rompería todas mis barreras. Por mucho que intentase hacerme la dura. Solo
diciendo la palabra mágica sería tuya. Solo tuya. "Bésame".
Cayendo
Es una mala noche. Sé que estás despierta. Y necesito
que me hables pero no lo haces. Y empiezo a llorar. No puedo parar. Estoy al
límite. Ya van 6 días. Y no puedo más. Necesito que vuelvas. Odio esto. Odio
como me siento. Abatida. Hundida. Destrozada. Impotente. Infeliz. No existen
palabras suficientes para poder expresar todo el dolor que llevo dentro. Es un
abismo. Y yo estoy metida hasta el fondo. Estoy en caída libre. Cayendo cada
vez más y más. Nadie puede ayudarme. Nadie puede sujetarme. Seguiré cayendo.
Sálvame. Por favor.
Respira
¡Quieta! No puedes. ¡Deja las manos donde están! Así.
Muy bien. Ahora ve bajándolas poco a poco. Perfecto. Ha faltado poco. Un poco
más y pierdes el control. Respira. Respira hondo. Puedes superarlo. ¡Y deja de
mirar su última conexión! Si ya se. Esta despierta. Sí. ¿Y? No es de tu
incumbencia. Ahora se una buena chica. Suelta el móvil. Aléjate de él y vete de
una vez a dormir. Mañana será otro día. O eso dicen...
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