domingo, 23 de noviembre de 2014

Sweet home

Próxima parada: "Aluche" correspondencia con línea 5 de Metro. Me gusta ese sonido. El sonido de la Renfe. Las vibraciones que emite el vagón al deslizarse por las vías. Me gusta el sonido de cuando se abren las puertas y también el sonido de cuando se cierran. Me gusta la gente que hay en el vagón. Todos son diferentes. Diversidad. Respiro hondo. Me cuesta respirar. He tenido que correr para coger la anterior Renfe para venir a Atocha. Tengo un poco de asma. No pasa nada. Me he sentido bien. Una más. Una madrileña más. Pero el trayecto ya se está acabando. Mi viaje esta llegando a su fin. Tengo que ser fuerte. He vuelto. Ha sido breve. Siento ansiedad. Ansiedad porque en 9 horas estaré de camino a Coruña. Otra vez. No quería separarme de ellas. Ha sido tan normal, como sí mañana las volviese a ver. Necesitaba verlas. Necesitaba su contacto. Sus voces. Y sobre todo hablar. Sentir que tenía amigas. Y tengo amigas. Las tengo a ellas. Lejos pero las tengo. No importa. Y hemos prometido vernos mediante Skype. Lo han prometido. La despedida ha sido dura. No voy a llorar. En 3 semanas volveré. No a mi casa. Pero volveré. Y las veré. Y quizás entonces me encuentre mejor. Que haya dejado de hundirme. No lo se. El tiempo cura las heridas. O eso dicen. Ahora estoy herida. Perdida. Mi héroe ha dicho que va a venir a salvarme. Eso espero. Sin ella seguiré perdida.

viernes, 21 de noviembre de 2014

I need a hero

Gafas de sol. ¿Dónde están? ¡Encuéntralas! Debes tapar tus ojos. Nadie puede verlos. Sobre todo ella. No quiero que ella los vea. No quiero que vea dentro de mi. "Ojos espejo del alma". Tapo el espejo. Así nadie me vera. Siento como me mira de reojo. Para, por favor... Déjame. Me siento como un gato. Enfurecido. Enfurecido y muy dolido. Siento todo mi pelaje erizado. Bufo. No me toquéis. ¡Dejarme todos en paz! No quiero hablar contigo. No puedo. No quiero derrumbarme. Déjame. Me escondo. Me hundo en el asiento trasero del coche. Aquí nadie podrá verme. Quizás explote. No lo se. Pasa el tiempo. Exploto. Vuelvo a serenarme. Exploto de nuevo. Para por favor. Estoy cansada. Tan cansada. Quiero que todo pare. Sólo quiero volver a casa. Ella no se da cuenta. No lo ve. Esta demasiado ocupada. Ya no me ve. Sólo ve la primera capa. Lo superficial. No ve que me estoy ahogando. Me ahogo cada día. Ella no lo ve. ¿Por qué no lo ve? ¿Por qué deja que me ahogue? Yo nunca deje que se ahogase. Jamás. Siempre corrí a socorrerla. Siempre. Siempre. Siempre. Siempre. Exploto de nuevo. Sentimientos contenidos emergen de mi interior. Explotan. Quiero gritar. Gritar hasta quedarme sin voz. Destrozarme la garganta si hace falta. ¿Qué importa? Sigo hundiendome. Más. Y más. Y más. Me ahogo. Nadie se da cuenta. Nadie viene a salvarme.

martes, 18 de noviembre de 2014

Vuelta a empezar

Acumular sentimientos a veces no es bueno. Llega el punto donde tu cuerpo no admite más. Que necesita explotar. Soltarlo todo. No importa el lugar ni el momento. No importa nada. Intentas contener todo ese cúmulo de sentimientos. NO SALGÁIS. Por favor... A veces hacen caso. Y a duras penas se quedan dentro. Luchando por salir. Respira. Respira hondo. Pon esa canción que tanto te relaja. Escucha su melodía. Centrate en el piano. Siempre lo haces. Mejor. Algo mejor. Se contendrán durante un tiempo. Y así sucesivamente. Hasta ese momento. Fin de la contención. Todo estalla. Los ojos se desbordan. La respiración se agita. Te falta el aliento. No puedes parar. Es demasiado tarde. Demasiado tiempo guardando. Ahora no hay vuelta atrás. Desahogate. Suéltalo todo. Es lo mejor. Después te sentirás mejor. Lo sabes. Y vuelta a empezar.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Silencio

Silencio. No se escucha nada. El mundo ajeno a mis pensamientos. Sólo crecen. Y crecen. No puedo pararlos. Apreto los ojos. Tengo la esperanza que paren. No lo hacen. Me hago un ovillo. Respira. Concéntrate sólo en eso. No puede ser tan difícil. Esfuerzos inútiles. Es un silencio sonoro. Irónico... ¿Verdad?

domingo, 9 de noviembre de 2014

Cálido Invierno

Abro los ojos. Una tenue luz entra por la ventana. Oigo la lluvia en el exterior. Miles de gotas impactan contra el cristal de la ventana. Siento el calor de las sabanas que me envuelven. Me estiro lentamente, deslizando uno de mis pies por fuera de las sabanas. Frío. Mucho frío. Vuelvo a meterlo inmediatamente en cuanto se pone en contacto con el frío exterior. Se nota que el invierno ha llegado. Tiemblo y sonrío a la vez de solo pensarlo. Una leve respiración se escucha detrás de mi. Me giro y ahí esta. Aun dormida. Mi niña. Mi dulce niña. Esta tan guapa cuando duerme. Recorro cada milímetro de su precioso rostro con la mirada y reprimo una necesidad creciente de acariciarla. Sonrío. En ese instante no desearía estar en ningún otro lugar que no fuese a su lado. Me hace feliz. Muy feliz. Se remueve un poco pero no se despierta. Mejor. Así podre seguir observándola un rato mas. ¿Como una sola persona puede hacer que emane tantas dosis de felicidad por cada poro de mi piel? Estos pequeños momentos son importantes. Lo son para mi. Los necesito. Volver a sentir el como era cuando vivíamos juntas. Escuchar un Buenas noches Amor cada noche o un Buenos días Princesa cada mañana.Cosas aparentemente tan sencillas y que ahora no se producen tantas veces como desearía. De todos modos... Nunca es suficiente. Nunca la veo lo suficiente. Nunca duermo con ella las suficientes veces. Nunca la beso lo suficiente. Nunca la miro lo suficiente. Nunca lo escucho lo suficiente. Nunca es suficiente. Es como una necesidad primaria. Como beber o comer. Por eso cada momento con ella es importante. Siempre son importantes, pero cuando no ves tanto a la persona que amas como te gustaría, los pequeños momentos se vuelven esenciales y quieres aprovecharlos al 100%. Como aquel preciso momento. Ella simplemente estaba durmiendo. Y la miraba como si jamas hubiese visto algo tan precioso. Me acurruco un poco mas entre las mantas. Mirándola. Disfrutando del momento. Sintiendo el cálido invierno. 

Pasa el tiempo


No me acostumbro. El tiempo pasa. Los días. Las semanas. Los meses.  4 meses han pasado ya. 4. ¿Sólo? Empieza a parecer una eternidad. No me acostumbro. El deseo de volver no hace más que crecer. Deseó regresar. Mi imaginación empieza a jugarme malas pasadas. Veo mi vida allí cada día. Cuando me despierto. Cuando me acuesto. Es raro. Es un sentimiento familiar. El mismo de años atrás. Cuando llegue Madrid por primera vez. Sola. Asustada. Y deseando a cada instante salir corriendo. Es irónico. La niña perdida que antes se sentía extraña en la gran ciudad ahora se siente extraña en su propio hogar.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Caos

¿Por qué será tan difícil dejar la mente en blanco? No pensar. En nada. Nada en absoluto. Antes me resultaba algo de lo más sencillo. Ahora era algo tremendamente complicado. Madrid. Coruña. Mi casa. El FP. Deseos imposibles y cosas varias. Todo eso constantemente rondándome la cabeza. Quería desesperadamente volver a Madrid pero cuando estaba allí deseaba volver. Aunque ahora me doy cuenta de que empieza a ser hora de independizarme pero no puedo porque no encuentro trabajo. Después de haber vivido cuatro años sola es complicado estar en casa otra vez. Pensé que cuando volviese de Madrid todo seguiría igual. Me equivoque. Todo ha cambiado. La gente ha cambiado. Yo he cambiado. Ya no hay vuelta atrás. Toca adaptarse a mi nueva vida. Sintiéndome una extraña en mi propia ciudad. Por suerte cuento con una de las mejores personas que he conocido, que siempre esta ahí cuando la necesito, me mima, me cuida y me quiere y yo no necesito nada más. Sarah. En los últimos meses no nos hemos visto mucho debido a incompatibilidad de horarios pero intentamos sacar tiempo para nosotras. Suelen ser los domingos. Quizás hallamos "discutido" más de lo normal pero son por tonterías que afectan más de lo habitual por diversos motivos. Y hoy ha sido uno de esos días en los que no he podido evitar explotar como una bomba de relojería. El hecho de que la casa de Madrid se vaya a alquilar antes de tiempo,que Sarah este demasiado ocupada y no se de cuenta que se olvida de los pequeños detalles o que las personas que me rodean han cambiado. El factor más importante es que todavía no me he adaptado a volver a Galicia. Sólo llevo mes y medio de clase y ya desearía marcharme en el primer tren de vuelta a casa. Ya hace frío. Adoro Madrid cuando hace frío. Es la época que más adoro. Y no estoy allí para disfrutarla con mis amigos. A los cuales echo demasiado de menos como para pararme a pensar en ellos y darme cuenta que están a 600 kilómetros y que no se cuando los volveré a ver. Ya ni se lo que quería decir con todo esto. Simplemente dejo que mis pensamientos fluyan con la esperanza de que esto alivie mi interior. Que liberé estrés. O algo así. 
Después de explotar repetidas veces con Sarah ahora me siento algo mejor. Hablar las cosas y sacar lo que llevaba acumulando desde hacía tiempo ayuda. Aunque no resuelva mis problemas pero por lo menos siento que la carga es menos pesada. Y el haber ido al parque de la rotonda del Che Guevara ha ayudado, ha conseguido distraerme. Hoy es día dos. No podía estar triste. Ya llevo con Sarah 34 meses. Casi 3 años. Y no me lo creo. Que llevemos tanto tiempo. Se me esta pasando volando. Con ella todo es más sencillo. Lo que más deseó ahora mismo, a parte de querer volver a Madrid, es irme a vivir con ella. Empezar una vida juntas. Ahora veo como duerme en la cama de abajo de mi habitación y no hay ningún sitio donde quisiera estar que no fuese aquí, ni ninguna persona con la que quisiese estar más que con ella. Quiero cuidar de ella el resto de mi vida. La amo más que a nada en el mundo, de lo demostraría ya mismo, pero me gusta demasiado ver como duerme.